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El Karma romance Capítulo 1012

El Maybach negro se deslizó con elegancia hasta la entrada de la universidad, donde el conductor, con movimientos precisos y estudiados, abrió la puerta trasera. Arlet emergió del vehículo con la gracia felina que la caracterizaba, mientras el murmullo de las conversaciones se apagaba gradualmente. Los estudiantes que pasaban cerca desviaban la mirada al reconocerla, como si temieran que el simple acto de observarla pudiera quemarles los ojos.

La atmósfera cambió súbitamente cuando Isidro descendió del auto. El tiempo pareció ralentizarse mientras los transeúntes contenían el aliento, cautivados por su presencia. A pesar de su túnica austera y su cabeza rasurada, emanaba un magnetismo innegable. Su porte recordaba a una antigua estatua de mármol cobrada vida: sereno, imponente, con una dignidad que trascendía lo mundano.

Conforme avanzaban por los senderos del campus, una estela de miradas fascinadas los seguía. Los estudiantes giraban sus cabezas sin disimulo, hipnotizados por la figura de Isidro. Él mantenía su compostura imperturbable, como si flotara sobre un mar de admiración que no llegaba a tocarlo.

La noticia de su presencia se propagó por la universidad como fuego en la pradera. Los grupos de mensajería instantánea y foros estudiantiles ardían con especulaciones sobre aquel ser enigmático que parecía irradiar luz propia. En su asombro, pasaban por alto el hábito religioso, cautivados por un aura que parecía pertenecer más al reino de lo celestial que al mundo terrenal.

Al entrar al aula escalonada, por primera vez desde su llegada a la universidad, Arlet experimentó la extraña sensación de ser completamente invisible. Todas las miradas atravesaban su silueta como si fuera de cristal, fijas en Isidro, quien se movía con la fluidez de una gota de agua sobre una hoja de loto.

Arlet tomó su lugar habitual mientras Isidro se acomodaba a su lado. Con un movimiento fluido, él cerró los ojos, sumergiéndose en su meditación. El silencio que siguió fue denso, tangible, roto únicamente por el susurro del aire acondicionado y los murmullos cada vez más audibles de los estudiantes.

"¿Qué onda con el de al lado?", preguntó Pol Álvarez, deslizándose en el asiento contiguo a Arlet. El aula entera pareció inclinarse hacia adelante, ansiosa por escuchar la respuesta.

"Es mi guardaespaldas", respondió Arlet con naturalidad. "Mi familia anda preocupada por algunos problemas que he tenido y decidieron asignarme protección."

Una ola de comprensión recorrió el salón. Los estudiantes intercambiaron miradas conocedoras, mientras sus mentes elaboraban historias sobre los excesos y privilegios de los ricos.

"Tu guardaespaldas es... diferente", comentó Pol, sus ojos viajando desde el rostro sereno de Isidro hasta su cabeza rasurada.

"Es un fiel budista", explicó Arlet con una sonrisa apenas perceptible.

"Ah, por eso trae el atuendo de sacerdote."

"Sí, exactamente", pensó Arlet, conteniendo una sonrisa. No es que pareciera un sacerdote; era uno en toda la extensión de la palabra.

Capítulo 1012 1

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