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El juguete del abogado romance Capítulo 207

Pese a las ganas evidentes de su marido, él no la tocó esa noche... ni la siguiente.

La abstinencia se mantuvo al menos una semana más.

Durante esa semana, Estefanía pudo moverse con más soltura, sintiéndose casi igual que antes, como si nada malo hubiese ocurrido. Como si no hubiera atravesado un parto difícil, desafiado a la muerte y despertado de un coma.

Estar viva era un milagro que pensaba aprovechar cada segundo.

Por eso había tomado la decisión de pausar sus estudios.

Aunque tenía toda la intención de graduarse pronto, el deseo de recuperar el tiempo perdido con su hijo pesaba más. Estar yendo y viniendo solo significaría perderse aún más momentos a su lado.

Esa noche, Estefanía finalmente logró dormirlo.

Gracias a que su cuerpo le permitía moverse con mayor libertad, lo tomó entre sus brazos y comenzó a pasear despacio por la habitación mientras le cantaba su canción favorita. Esta vez el pequeño no echó de menos a su padre; al contrario, se entregó al sueño con absoluta facilidad.

Un sentimiento de dicha inmensa la invadió por completo. Esto era exactamente lo que su corazón necesitaba.

Tras acomodarlo con suma delicadeza en la cuna, se quedó allí de pie, en silencio, contemplándolo dormir.

Todavía no podía saberse con certeza a cuál de los dos se parecía más, pero una corazonada muy dentro de ella le decía que ese niño sería su vivo retrato.

Sus ojitos aún conservaban un matiz azulado y, aunque era común que con los meses el tono cambiara —tal vez hacia el color oscuro de su padre—, algo en su interior le aseguraba que no sería el caso.

Estéfano era, tal como su propio nombre lo dictaba, enteramente de su mamá.

Estefanía estiró la mano y, sin poder contenerse, rozó con la yema de sus dedos esos cachetitos gorditos que provocaban comérselos a besos.

Sin embargo, a la par de la calidez que la inundaba, una punzada de tristeza le oprimió el pecho. No había podido alimentarlo de recién nacido. Le habría gustado tanto amamantarlo, vivir esa experiencia... Pero ahora, ya no había nada que pudiera hacer.

Se secó las lágrimas apresuradamente antes de que cayeran sobre su hijo.

En ese instante, abrieron la puerta y la niñera se asomó con cuidado.

—Puede ir a descansar tranquila, señora. Yo me encargo a partir de aquí.

Estefanía asintió con gratitud y, sabiendo que desde su habitación podía revisar el monitor del bebé en cualquier momento, se retiró a descansar.

Cristian todavía no había regresado del trabajo.

Esos últimos días había estado verdaderamente ocupado. Tenía demasiadas cosas acumuladas y el tema de Javier, aparentemente, no se resolvería tan fácil.

Javier continuaba en prisión preventiva, a la espera del contraperitaje y sometido a constantes evaluaciones psicológicas.

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