Cristian no se quedó a dormir con ella esa noche.
Luego de la reconciliación, Estefanía esperaba que se quedara. Sin embargo, él solo la ayudó a limpiarse, la acomodó en la cama y se marchó, poniendo como excusa que tenía asuntos de trabajo que atender.
¡Falso!
Solo estaba evitando caer en la tentación otra vez.
Pero como ella no pensaba quedarse de brazos cruzados, se dedicó a molestarlo e instigarlo durante las siguientes semanas.
Comenzó mandando mensajes calenturientos en momentos donde sabía que estaba en reuniones o intentando concentrarse.
Por lo general acompañaba los W******p con fotos, como en esa tarde, dónde le envió una toma de una pose un poco especial: en la fotografía estaba tumbada de lado, con el camisón abierto y la barriga al aire, una teta pesada y venosa se asomaba sin pudor. Mientras ella se mordía el labio y se agarra el pezón hinchado.
«Acabo de salir de la ducha y las tetas me pesan una barbaridad.
Están más gordas, más sensibles… y se me ponen duras solo de recordar nuestra noche. Puedo correrme con solo pensar en ti.
¿Vas a quedarte a dormir hoy?»
Él siempre venía. Sin falta.
Se sentaba a hablar con ella, le preguntaba cómo se sentía y, en algunas ocasiones, la acompañaba a ponerle música al bebé. La criatura no paraba de moverse en cuanto escuchaba las melodías, mientras la gran mano de Cristian se amoldaba a la curva de su vientre, capturando cada patadita.
En otros momentos, aparecía con sus antojos preferidos: algún postre sin azúcar, fresas con crema o chocolates importados, y se quedaba en silencio, observándola disfrutar de cada bocado con esa mirada pesada e impenetrable.
Pero jamás se quedaba demasiado tiempo. Especialmente cuando ella se le sentaba encima de las piernas y empezaba a coquetearle sin descaro, buscando tentarlo.
En cuanto sentía su intención, él la levantaba por la cintura con delicadeza, la ponía de pie y la frenaba con seriedad:
—El doctor fue bastante claro conmigo: lo mejor es que pases los meses que te quedan en completa tranquilidad.
Al parecer, el médico había estado de bocón, soltando advertencias y alarmándolo sobre un posible riesgo de preeclampsia y un parto adelantado si no se controlaban las emociones y el esfuerzo físico. Todo esto porque en sus últimos análisis habían salido algunos valores alterados, algo referente a proteína en la orina y la presión arterial rozando el límite.
En consecuencia estaba en tratamiento con corticoides para completar la maduración pulmonar del bebé.
Por lo demás, ella se sentía perfectamente, así que le parecía que todo no era más que una exageración.
«Hoy no podré ir, tengo una reunión que se va a extender hasta tarde», fue la respuesta del hombre.
Con el camisón todavía descolocado y el seno al aire, Estefanía sintió un arrebato repentino de molestia.

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