La diferencia innata de fuerza física entre un hombre y una mujer le daba a Fabio una ventaja absoluta.
Hasta que Vanesa se quedó sin energías.
Solo entonces, Fabio comenzó a ser más gentil.
La rudeza e intensidad previas se transformaron en un afecto profundo, conquistando cada centímetro de ella.
Cuando Fabio por fin quedó satisfecho, soltó a Vanesa.
—Vanesa, ni se te ocurra usarme y luego desecharme, ¿entendido? —La voz de Fabio había vuelto a la normalidad, pero cada palabra destilaba una clara advertencia.
Su mano acariciaba suavemente la piel de Vanesa.
Su mirada se volvió mucho más seria.
—Nadie jamás se ha atrevido a usarme y tirarme, ¿te queda claro? —declaró Fabio, pronunciando cada sílaba con firmeza.
Vanesa respiró hondo, obligándose a mantener la calma.
Luego de un momento, le preguntó: —Fabio, ¿qué es exactamente lo que pretendes?
—Vanesa, la pregunta es, ¿qué pretendes tú? —respondió Fabio con otra pregunta.
Esa simple frase dejó a Vanesa sin palabras.
Pero Fabio no tenía intención de dejarla escapar tan fácil.
—Acercarte a mí con intenciones ocultas, ¿fue idea de Julián o fue tuya? —continuó indagando.
Las preguntas implacables la acorralaron, haciéndole imposible responder.
Al ver que ella guardaba silencio, Fabio bajó aún más el tono de su voz.
—Vanesa, con esa actitud tuya, solo logras que me interese más en ti, ¿lo sabes? —concluyó con voz grave.
Cada palabra golpeó el corazón de Vanesa, haciéndola sudar frío.
Sin embargo, Fabio seguía demasiado cerca de ella.
Sin mostrar la más mínima intención de apartarse.
De pronto, el sonido apresurado de los pasos de las enfermeras llegó a sus oídos.
Por inercia, Vanesa miró hacia la entrada.
Fabio también miró en esa dirección y, con mucha lentitud, la soltó.
Pero su voz oscura siguió resonando.
—Vanesa, no soy alguien al que le guste ser provocado, ¿de acuerdo? —Las palabras de Fabio llevaban un tinte de peligro.
Por eso vivían en un estado de alerta constante.
Las palabras de Vanesa sumieron a Fabio en el silencio.
Qué casualidad.
Su primera hija había enfrentado exactamente la misma situación.
Solo que ella no había tenido tanta suerte como la pequeña Paz.
De hecho, Fabio ni siquiera había tenido la oportunidad de ver a su bebé de cerca.
Y sumado a los muchos incidentes de aquel año...
Al final, solo quedaban lamentos.
Esa niña se había convertido en el motivo definitivo de su ruptura con Vanesa.
Terminando en un completo desastre.
—¿Necesitas que te ayude en algo? —preguntó Fabio con tranquilidad.
—No hace falta —rechazó Vanesa.
Si Fabio intervenía, la relación entre ambos se volvería aún más complicada.

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