—Yo voy contigo —soltó Fabio, sin pensarlo dos veces.
Vanesa estaba a punto de negarse rotundamente, cuando él argumentó con toda frialdad:
—En el estado en el que estás, no voy a permitir que manejes. Además, aquí no hay forma de pedir un taxi.
A Vanesa no le quedó de otra que contenerse.
No podía refutar ninguna de sus palabras; todo lo que había dicho era verdad.
Era cierto, conseguir transporte en esa zona era misión imposible.
Incluso si lograba pedir uno por aplicación, la seguridad del residencial jamás lo dejaría pasar.
Y caminar desde la mansión hasta la entrada principal implicaba recorrer casi ocho kilómetros de bajada por una sinuosa carretera de montaña.
Tardaría una eternidad.
De modo que no tuvo más remedio que aceptar:
—Se lo agradezco, señor Serrano.
Él asintió y de inmediato la condujo hacia su vehículo.
El auto aceleró a toda velocidad rumbo a la comisaría de Jalapa.
Durante el trayecto, Vanesa intentó llamar a Julián.
Un movimiento que, evidentemente, no pasó desapercibido para Fabio.
Esta vez, ella fue la que se adelantó a dar explicaciones:
—Paz pertenece a la familia Jiménez, y como su hermano mayor, Julián tiene todo el derecho a saber lo que está pasando. Además, él también está en Jalapa, ¿no es así?
Una sola frase bastó para dejarlo sin argumentos y con la palabra en la boca.
Su rostro se ensombreció de inmediato, pero terminó por guardar silencio.
Vanesa lo ignoró por completo y volvió a presionar el botón de llamada.
Pero, para su sorpresa, el teléfono mandó a buzón de voz.
Frunció aún más el ceño, presa de la desesperación.
A toda prisa, le envió un mensaje de texto a través de WhatsApp.
"Paz está en Jalapa. Voy camino a la comisaría por ella."
No agregó ni un solo detalle más.
Él no emitió ninguna queja.
Solo apretó ligeramente el puño sobre sus piernas y devolvió la vista a la carretera, con total serenidad.
Vanesa contestó de inmediato:
—Tía, Paz está en Jalapa. Me acaban de llamar de la policía...
Le soltó la información de golpe, sin titubear.
Al escuchar eso, Clarissa dejó escapar un largo suspiro al otro lado de la línea:
—¿De verdad esa mocosa se atrevió a ir hasta Jalapa? Creí que solo eran amenazas suyas... Pero cuando fui a buscarla ya no estaba, y sus papeles tampoco. Te juro que voy a demandar a esa aerolínea; ¡cómo demonios dejaron que una niña tan pequeña se subiera sola a un avión!
Vanesa hizo todo lo posible por tranquilizarla:
—Tía, no te angusties. Yo estoy aquí en Jalapa; de hecho, voy en camino a buscarla en este preciso momento.
—Gracias a Dios. Pero te juro que en cuanto la tenga en frente le daré un buen escarmiento —dijo Clarissa con amargura—. Por cierto... en cuanto noté que no estaba, llamé a Julián como loca. Seguramente tomó el primer vuelo de regreso para acá; debe estar en el aire en este momento. Ya le dejé mil mensajes de voz explicándole la situación. Hazme el favor de avisarle tú también cuando aterrice. Conociendo su carácter, si no se entera a tiempo, va a armar un escándalo espantoso.
—Entendido, yo me encargo de avisarle —aceptó Vanesa.
Con que era eso... Julián se había enterado de la desaparición de Paz y había volado de emergencia para buscarla. ¡Por eso tenía el teléfono apagado!

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