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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 628

Vanesa abrió las manos con gesto de resignación tras terminar de hablar.

Todos y cada uno de sus argumentos tenían una lógica impecable.

Fabio se limitó a observarla; no le dio una respuesta de inmediato.

Su mirada, sin embargo, se volvió mucho más profunda y calculadora.

Vanesa, por su parte, no era tan ingenua como para creer que él le contaría todos sus secretos así sin más.

Esos asuntos, para ella, no requerían prisa.

Tarde o temprano la verdad saldría a la luz.

Por lo tanto, no lo presionó para obtener una respuesta.

Sus miradas se encontraron en el aire, pero Vanesa no apartó los ojos ni por un segundo.

De pronto, Fabio inclinó el rostro hacia ella.

Instintivamente, ella retrocedió.

Pero la mano de él fue más rápida, agarrando su mentón con firmeza y cortándole cualquier vía de escape.

—Fab... —frunció el ceño.

Antes de que pudiera terminar, los labios de él callaron sus palabras con un beso avasallador.

Era imposible zafarse, no le quedó más remedio que dejar que la besara.

Quién sabe si fue por su reciente discusión con Giselle o por algún otro motivo.

Pero ahora, Vanesa podía oler un fuerte y penetrante rastro de perfume en la ropa de él.

Era, sin lugar a duda, la fragancia que solía usar Giselle.

Eso provocó una ola de rechazo automático en ella.

Un asco que venía desde lo más profundo de sus entrañas.

Fue tan fuerte que no pudo evitar removerse para intentar apartarlo.

Sorprendentemente, Fabio cedió y la soltó.

Antes de que Vanesa pudiera recuperarse del todo...

Notó que la mirada de él estaba clavada directamente en su oreja.

Como si estuviera analizando algo con excesiva atención.

Vanesa frunció el ceño con desconfianza:

—¿Qué estás mirando?

Solo entonces, él apartó la vista de esa zona.

Y es que, mientras la besaba, Fabio había notado un rastro detrás de su oreja.

—¿Qué es lo que tienes detrás de la oreja? ¿Por qué tienes una cicatriz ahí?

Su pregunta fue directa y al grano, y durante todo el tiempo, no dejó de mirarla ni un instante.

Apenas escuchó esas palabras, Vanesa ató cabos en milésimas de segundo.

Se refería a la marca que le había dejado la operación facial.

Jamás imaginó que él fuera capaz de fijarse en un detalle tan minúsculo como ese.

No obstante, por fuera no demostró ni una pizca de nerviosismo; mantuvo su sonrisa y le sostuvo la mirada.

—¿Te refieres a esta marca? —sus dedos rozaron suavemente la piel irregular.

—Así es —respondió él, sin inmutarse ni apresurarla.

—Oh, eso. Sufrí una caída aparatosa hace años y me lastimé la cara. Tuvieron que hacerme una cirugía reconstructiva y decidieron hacer la incisión aquí. —Soltó una historia que tenía tanto de verdad como de mentira.

Fabio emitió un sonido de afirmación, pero siguió estudiándola en silencio.

Con sus dedos largos de nudillos marcados, apartó con delicadeza un mechón de cabello y lo colocó tras su oreja.

Ese silencio abrumador logró, por un segundo, poner a Vanesa con los nervios de punta.

No tenía ni la menor idea de qué era lo que él estaba descubriendo en ella.

—¿Sabes de quién está enamorado Julián? —preguntó de la nada.

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