Cuando Fabio Serrano negociaba, jamás daba tregua a sus adversarios.
Parecía que te estaba dejando una salida, cuando en realidad te tenía agarrado por el cuello.
—¿Qué es lo que le atrae tanto de mí, Señor Serrano? —se atrevió a preguntar Vanesa.
—Julián y yo no nos soportamos, pero durante años hemos mantenido las distancias. Sin embargo, si tú misma decides cruzar mi puerta, ¿por qué habría de desaprovechar la oportunidad? —replicó Fabio, para luego añadir—: Además, mentiría si dijera que no me resultas sumamente atractiva.
De pronto, su mano se deslizó con suavidad hacia los ojos de Vanesa.
El roce de sus dedos hizo que a Vanesa se le pusiera la piel de gallina.
Había algo oscuro e impredecible en él, imposible de descifrar.
—Tus ojos son idénticos a los de mi exesposa —murmuró Fabio.
—¿El Señor Serrano me ve como un simple reemplazo? —Vanesa no inmutó ni un músculo de su rostro.
—¿Acaso Julián no hace lo mismo? —respondió Fabio con la misma serenidad.
Vanesa soltó una carcajada y asintió. —¿No le da miedo arrepentirse por haberse metido conmigo? No soy tan inocente como pinto, Señor Serrano. Podría estar escondiendo una carta bajo la manga.
Fabio se limitó a sonreír sin pronunciar palabra.
No se molestó en contestar a su advertencia.
Pero Vanesa sabía que, desde el primer instante, él jamás había considerado su amenaza como algo serio.
En la mente de Fabio, ella no era rival para él.
—¿Y no le preocupa que su esposa arme un escándalo? Después de todo, la nueva señora Serrano y yo estamos trabajando juntas —continuó indagando Vanesa.
Fabio fue tajante. —No lo hará.
Vanesa enarcó una ceja, pero guardó silencio.
Vanesa sabía mejor que nadie qué clase de arpía era Giselle Rivas.
Era una mujer resentida y envidiosa hasta la médula.
Sin embargo, la reacción explosiva de Giselle formaba parte fundamental del plan de Vanesa.
—Entonces, ¿alguna otra duda? —preguntó Fabio con voz profunda.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Vanesa sin miramientos—. No pienso estar enredada en esta aventura con usted por el resto de mi vida.
La pregunta hizo que Fabio se quedara en silencio por unos segundos, como sopesando la respuesta.
Vanesa no lo presionó.
La revelación tomó a Vanesa por sorpresa.
Jamás imaginó que Fabio y Giselle no compartieran el mismo techo.
Era obvio que su matrimonio estaba roto...
Pero no pensó que estuvieran a ese nivel de separación.
—¿Por qué? —preguntó Vanesa sin poder contener la curiosidad.
Fabio inclinó su rostro hacia ella, obligando a Vanesa a retroceder ligeramente.
Y en un abrir y cerrar de ojos, una risa burlona escapó de sus labios. —Vanesa, con tanta curiosidad vas a hacer que crea que realmente te importa la relación entre mi esposa y yo, ¿no crees?
Antes de que Vanesa pudiera articular una respuesta.
Los labios de Fabio ya se habían apoderado de los suyos.
Fue un beso suave, casi tierno.
Como si le estuviera ofreciendo una muestra de inmenso respeto.
Pero incluso en medio de esa delicadeza, era evidente que Fabio tenía el control absoluto de la situación.

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