Pero justo cuando Vanesa pasaba a su lado, Giselle la tomó del brazo bruscamente.
Vanesa giró el rostro de inmediato. —Suéltame.
Su voz estaba cargada de rechazo. No intentó zafarse con demasiada fuerza; ambas estaban embarazadas y temía que cualquier movimiento brusco terminara en una tragedia. Sin embargo, Giselle solo la miró con una sonrisa torcida.
La luz en los ojos de la actriz era gélida, desbordando una crueldad que rozaba lo sádico. El presentimiento de peligro que Vanesa albergaba en el pecho se volvió abrumador.
Antes de que pudiera reaccionar, la voz venenosa de Giselle resonó en el pasillo.
—Vanesa, cuando te di la oportunidad de largarte, no quisiste hacerlo. Te empeñaste en seguir arrastrándote como una sanguijuela al lado de Fabio —se burló.
Vanesa frunció el ceño. Definitivamente, Giselle y Fabio estaban hechos el uno para el otro: ambos eran expertos en escupir veneno y manchar reputaciones.
Antes de que pudiera defenderse, Giselle volvió a atacar.
—Así que, si algo malo llega a pasar, no podrás echarme la culpa, ¿verdad?
Al terminar la frase, soltó una carcajada. Fue un sonido macabro, de esos que te hielan la sangre.
Vanesa apretó los labios. No quería pelear, pero era evidente que Giselle no la dejaría ir. Tampoco iba a permitirse ser una víctima dócil; no iba a dejar que la pisoteara. Su expresión se volvió de hielo.
—Señorita Rivas, creo que esa pregunta deberías hacérsela a Fabio Serrano —dijo Vanesa, haciendo una pausa deliberada, disfrutando cómo a Giselle se le borraba la sonrisa—. Después de todo, si llevas diez años con él y aún no has logrado que te dé el lugar de esposa, o eres un fracaso de mujer, o el Señor Serrano no tiene la más mínima intención de comprometerse contigo. ¿No es así?
No era necesario gritar para herir; sus palabras eran dagas afiladas. Como era de esperarse, el rostro de Giselle se desfiguró por la furia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ