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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 250

Aun cuando lo decía, el propio Bruno Velasco dudaba de sus palabras.

El nivel de atención que Fabio le había estado dedicando a Vanesa desafiaba toda su lógica y conocimiento previo de la situación.

Sin embargo, en ese momento, lo único que podía hacer era intentar tranquilizar a Giselle.

Giselle ya había perdido por completo el poco apetito que le quedaba.

Y, después de que Fabio se marchara con Vanesa, no hubo señales de que fueran a regresar.

—Trata de comer un poco. Más tarde te acompañaré para que hables a solas con él y aclaren todo este enredo —dijo Bruno sin rodeos.

Giselle negó con la cabeza, abatida.

—No. No tengo hambre. Además, estas comidas nunca me gustaron, seguro que Vanesa las ordenó.

Bruno se quedó mudo. Viendo su estado, no quiso obligarla a comer.

No mucho después, a través de los enormes ventanales, pudieron ver a Fabio y a Vanesa en las instalaciones del club.

Giselle sintió que se moría por dentro.

A través del cristal panorámico...

Pudo ver con total nitidez cómo Fabio seguía llenando de atenciones a Vanesa.

No dejaba escapar ni el más mínimo detalle.

Se notaba en sus gestos; no era una actuación, era algo genuino.

Al ver aquello, los músculos de Giselle se tensaron como cuerdas de guitarra a punto de reventar.

Cuando Vanesa alzaba la mirada hacia Fabio, sus ojos irradiaban tranquilidad, y sus mejillas tenían un sano color.

Era innegable que la habían estado cuidando de forma excepcional.

—¿Quieres que bajemos? —le preguntó Bruno, ofreciéndole una salida—. Si prefieres evitarlo, puedo llevarte de regreso. Él todavía parece molesto; quizás sea mejor que busques un momento más oportuno para conversar.

Bruno dejó la decisión final en manos de ella.

Pero, desde su perspectiva, ir a buscar a Fabio ahora mismo sería echar leña al fuego.

Sin embargo, la desesperación fue más fuerte que la razón para Giselle.

Estaba muerta de miedo de perderlo de verdad.

Su reciente huida al extranjero había borrado toda la confianza que antes sentía sobre el control que tenía sobre él.

El terror en sus ojos era cada vez más evidente.

Y lo peor de todo: desde que ella se había marchado, Fabio no la había contactado ni una sola vez, y mucho menos había volado para buscarla.

Claro que estaba aterrada. Por eso mismo se había subido al primer avión de regreso.

—No. Vamos a bajar —respondió Giselle al cabo de un rato.

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