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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 249

¿Cuándo en su vida Giselle había soportado semejante humillación?

El dolor y el resentimiento le hacían arder los ojos.

Parecía que en cualquier momento se rompería a llorar a mares.

Bruno Velasco se dio cuenta de su sufrimiento.

—Come un poco, ya sabes que la comida del extranjero no es tan buena —dijo él, sirviéndole algo de comida.

—Sí... gracias —murmuró Giselle.

Luchaba por reprimir el impulso de levantarse e irse corriendo.

Fabio la había orillado a regresar, y eso fue exactamente lo que hizo.

Y, desde luego, no iba a dejar que Vanesa se quedara con el triunfo tan fácilmente.

Así que se obligó a quedarse sentada.

También sabía que Fabio solo lo hacía para humillarla un poco, no porque de verdad la deseara fuera de su vida.

Giselle bajó la mirada, manteniendo el silencio y ocultando muy bien sus verdaderos planes.

El ambiente en el salón no era terrible, pero desde luego estaba muy lejos de ser agradable.

La noticia de que Bruno Velasco estaba allí corrió rápido entre los demás socios del club.

Varias personas se acercaron al salón privado para saludar a Bruno.

Al ver a Giselle, todos se quedaban callados un instante por la sorpresa.

Sin embargo, siendo todos gente de la alta sociedad, mantuvieron la elegancia y la saludaron con mucha cortesía.

En contraste, Vanesa empezó a hartarse de todo ese teatro de falsedades, sonrisas fingidas y saludos vacíos.

Así que, sin previo aviso, se puso de pie.

La mirada de Fabio se clavó en ella al instante.

—¿A dónde vas? —preguntó de inmediato.

—A tomar aire —respondió Vanesa con sinceridad.

—Te acompaño —dijo Fabio, disponiéndose a levantarse también.

Vanesa lo miró fijamente; su frustración era cada vez más evidente.

Si Giselle ya había regresado, ¿qué necesidad había de seguir con esa actuación?

¿Acaso no se daba cuenta de lo patético que resultaba todo esto?

—No es necesario, iré sola —rechazó Vanesa sin ningún miramiento.

Luego soltó una carcajada seca y cargada de ironía:

—Además, la señorita Rivas acaba de regresar. ¿No deberías hacerle compañía?

El comentario fue un golpe directo, como si estuviera empujando a Fabio a los brazos de la otra.

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