Vanesa lo estaba ignorando por completo.
Esa sensación de molestia era aún más intensa y evidente.
Vanesa ya había apagado la estufa, vertido el latte sobre el hielo y se lo estaba bebiendo tranquilamente, con la mirada baja.
Quería algo dulce.
Probablemente porque la vida era demasiado amarga.
Esta actitud de Vanesa hizo que el disgusto en el rostro de Fabio se volviera cada vez más notorio.
Porque Vanesa estaba fuera de control.
Cada vez le resultaba más imposible controlarla.
Cuanto más intentaba recuperar las emociones del principio, más inútiles eran sus esfuerzos.
Recordó las palabras que Bruno Velasco le había dicho alguna vez.
«Vanesa ya no te ama, está desesperada por escapar de tu lado».
«Si quieres volver a controlar a Vanesa, entonces tienes que hacer que se enamore locamente de ti de nuevo».
«De lo contrario, tarde o temprano algo saldrá mal».
En aquel entonces, Fabio se había burlado, jamás creyó que Vanesa pudiera escaparse de sus manos.
Pero ahora, las palabras de Bruno se habían vuelto realidad.
Si ella seguía perdiendo el control de esa manera, él ni siquiera podía garantizar qué llegaría a suceder.
Incluso ya no podía sentir el interés de Vanesa por ese hijo, ni por él mismo.
Entonces, al final, sus acciones en la empresa también se desvanecerían por completo debido a la actitud imprudente de Vanesa.
Ese pensamiento hizo que Fabio se tranquilizara poco a poco.
Las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones se cerraron en puños ligeramente.
No permitiría que ocurriera ningún accidente con las acciones.
Vanesa debía amarlo con devoción, igual que Giselle.
En lugar de actuar de manera tan temeraria y destructiva.
Estaba decidido a hacer que Vanesa se enamorara perdidamente de él de nuevo, sin oponer resistencia alguna.
Reprimió su mal genio y entonces caminó hacia Vanesa.
Vanesa estaba tomando su latte, y cuando Fabio se acercó, ella guardó silencio.
Por fuera, se mantuvo imperturbable.


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