A Vanesa Arias le zumbaban los oídos.
Tenía la cabeza ladeada y la sangre empezaba a brotarle por la comisura de los labios.
Era fácil imaginar la fuerza que Fabio Serrano había empleado.
Pero Vanesa no sintió ningún dolor; en su lugar, sintió una especie de alivio. Pensó que probablemente se estaba volviendo loca también.
Después de tantos años bajo el yugo de Fabio, había empezado a rebelarse.
Una rebelión en la que prefería mil veces romperse en pedazos que seguir sometida.
Vanesa ni siquiera se escondió, solo se quedó mirándolo.
Fabio se sintió provocado por esa actitud; sus emociones se desbordaron y su respiración se volvió agitada.
Se hizo crujir los nudillos, un sonido que resonó con un eco espeluznante en la quietud del dormitorio principal.
La sangre en la comisura de la boca de Vanesa despedía un ligero olor metálico.
Ella se limitaba a mirar al hombre, en absoluto silencio.
Los dos estaban frente a frente, en una tensa confrontación.
Fabio reprimió su temperamento, sabiendo que lo tenían acorralado, y su respiración se volvió aún más pesada.
En ese preciso instante, el teléfono de Fabio vibró. Era una llamada de Carlos Medina.
Esa llamada alivió la tensión explosiva, de lo contrario, alguien podría haber muerto de verdad.
Fabio se dio la vuelta y contestó el teléfono.
Vanesa también dejó escapar un suspiro de alivio.
Se quedó apoyada en el diván durante un largo rato. Tras recuperarse, Vanesa se levantó y caminó hacia la salida del dormitorio principal.
No quería respirar en el mismo espacio que Fabio ni un segundo más.
Fabio la observó sin ir tras ella.
Ambos necesitaban calmarse, o de lo contrario él realmente la mataría con sus propias manos.
—Señor Serrano —la voz de Carlos sonó apresurada al otro lado de la línea—. Las cosas son un caos afuera. Muchos de los paparazzi han descubierto la identidad de la señora. La señorita Rivas se alteró tanto que finalmente sufrió un colapso, empezó a sangrar y fue llevada de urgencia al hospital. Así que, probablemente, su embarazo sea imposible de ocultar.
Carlos hizo una breve pausa.
—Dígame, ¿cómo debemos manejar esto ahora?
Era un desastre por partida doble.
Vanesa era un caos, y Giselle Rivas también era un caos.



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