—Amor, no te metas ideas raras en la cabeza. Ya te lo dije, Vanesa y tú no tienen punto de comparación. Tú eres la dueña de mi corazón, ella no es más que una simple herramienta. Aparte del título de la señora Serrano, no va a obtener absolutamente nada más.
Las despiadadas palabras de Fabio atravesaron el auricular, grabándose sílaba a sílaba en la mente de Vanesa.
Hicieron que el corazón le temblara dentro del pecho.
Sus manos se cerraron en puños tan apretados que le sudaban las palmas.
Era una mezcla asfixiante de humillación y angustia que la estaba devorando viva.
—Fabio, no lo digo con mala intención, solo quiero que estés bien. Vanesa lleva tantos años casada contigo, en el fondo siento que es muy digna de lástima. Así que no le haré las cosas difíciles, ni pienso pelear por nada —respondió Giselle, manteniendo su habitual tono dulce y comprensivo.
—Una vez que dé a luz a este hijo y yo consiga las acciones, entonces...
Vanesa no pudo escuchar el resto de la frase porque la llamada se cortó abruptamente.
Ese era el objetivo de Giselle: destrozar a Vanesa, y lo había logrado a la perfección.
A Vanesa, Giselle le parecía de lo más hipócrita, pero sabía de sobra que a Fabio ese teatrito le encantaba.
Ella era incapaz de fingir con la maestría de Giselle.
Durante todos estos años, Giselle nunca había sido la mujer dulce y dócil que aparentaba.
En realidad, se la pasaba torturándola psicológicamente a cada oportunidad.
Pero últimamente, había cruzado todos los límites.
¿Acaso Giselle se sentía ya tan intocable?
¿Creía que ella no tenía forma de defenderse?
De repente, Vanesa sonrió, una sonrisa franca y cargada de puro sarcasmo.
Se compuso un poco, abrió su celular para revisar el titular de entretenimiento del día y, en cuestión de segundos, descubrió que la fiesta de cumpleaños de Giselle era en el Hotel Horizonte.
Qué casualidad.
La primera fiesta de cumpleaños de Giselle desde que regresó al país iba a ser justo en el Hotel Horizonte.
Años atrás, cuando ella y Fabio se casaron, el abuelo, para no hacerla sentir menos, había propuesto celebrar la boda precisamente en ese hotel.
Pero Fabio se había negado, argumentando que no debían ser tan ostentosos, que era solo un matrimonio por conveniencia y que no querían llamar la atención.
Y así, la idea quedó en nada.
Al principio, Vanesa también lo había creído así.
No fue hasta mucho después que se enteró de que el Hotel Horizonte era el lugar donde él y Giselle habían oficializado su relación.
Giselle había dicho hasta el cansancio que, si algún día se casaba, lo haría en ese exacto lugar.

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