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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 1109

La sala quedó sumida en un profundo silencio.

Paz se tomó un instante para ordenar sus ideas antes de hablar:

—Me he fijado que Silvia y Fabio no duermen en el mismo cuarto. Parecen llevarse muy bien y confían el uno en el otro, pero no se comportan como novios.

Y antes de que Vanesa pudiera siquiera procesar esa información, la niña soltó su conclusión:

—Yo creo que deberías preguntarle a Fabio directamente qué está pasando.

Paz le transmitió sus sospechas sin filtro alguno.

Luego, sin añadir nada más, se dio la vuelta y se fue de regreso a la cama.

Una vez que la pequeña desapareció por el pasillo, Vanesa se quedó más ensimismada que nunca.

Nunca se le había pasado por la mente esa posibilidad.

Miró la pantalla de su teléfono, y de repente, una ola de ansiedad y un impulso irracional se apoderaron de ella.

Era una urgencia que le aplastaba el pecho y de la que no podía deshacerse.

Sus dedos flotaban sobre el teclado, indecisos.

Pero no lograba atreverse a mandarle el mensaje a Fabio.

Las palabras de Paz seguían dando vueltas en su cabeza como un disco rayado.

Una y otra vez.

Y justo en medio de ese nerviosismo, uno de sus dedos rozó por accidente el botón de llamada de voz en el chat.

La llamada comenzó a timbrar, dándole a Vanesa un susto de muerte.

La canceló de inmediato, con el corazón a mil por hora.

Pero, apenas un segundo después, el nombre de Fabio apareció en su pantalla. La estaba llamando.

Vanesa miró el identificador parpadeando, sin saber si contestar o dejar que sonara.

La paciencia de Fabio era infinita, pues dejó que el teléfono siguiera vibrando.

Vanesa solo se animó a deslizar el dedo cuando la llamada estaba a punto de cortarse.

Llevó el aparato a su oído, pero no dijo una sola palabra.

Fue él quien rompió el hielo:

—¿Por qué me llamas tan tarde? ¿Le pasó algo a Paz?

—Se me fue el dedo por error —respondió Vanesa secamente.

—¡Qué coincidencias tan curiosas! O mandas un mensaje sin querer, o marcas por error —replicó él, arrastrando las palabras con ironía.

Vanesa se sintió acorralada.

Era cierto que parecía demasiada casualidad.

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