—Últimamente tengo muchas alucinaciones, incluso en pleno día me pasa lo mismo. Ya ni sé cómo voy a asistir a la conferencia de pasado mañana —suspiró Vanesa con cansancio.
—¿Es una conferencia muy importante? —preguntó Celia con fingida preocupación—. Si no lo es, debería pedir permiso para faltar y descansar bien. Seguro está agotada.
Vanesa miró fijamente a Celia antes de explicarle: —No puedo. Es un encuentro académico de suma importancia. Asistirán los altos directivos y todas las eminencias del ámbito académico. Con mayor razón no puedo darme el lujo de fallar.
—Siendo así, las cosas se complican un poco —asintió Celia.
Pero su expresión se volvió pensativa; bajó la cabeza, como si estuviera tramando algo.
Vanesa no hizo nada para evidenciar a Celia.
En ese momento, Paz salió corriendo de su habitación con la tarjeta en la mano.
Vanesa bajó la cabeza y se concentró en jugar con la pequeña.
Celia se retiró a la cocina para preparar la comida.
Después de cenar, Celia limpió todo y se fue a su casa.
Vanesa se mantuvo serena, actuando con total normalidad.
Pero una vez que Celia se marchó, Vanesa entró a la habitación de la empleada.
A simple vista, el cuarto se veía igual que siempre.
Sin embargo, al observar con detenimiento, se dio cuenta de que todas las pertenencias de Celia habían desaparecido.
Originalmente, Celia solo iba de día y regresaba a su casa por las noches, por lo que no solía dejar nada en el departamento.
Pero cuando empezó a quedarse a dormir más seguido, había llevado consigo algunos artículos personales.
Ahora, el cuarto estaba completamente vacío.
Eso significaba que estaba lista para dar su golpe final, ¿verdad?
Vanesa recordó la reacción que había tenido Celia ese mismo día.
Sin perder la calma, Vanesa tomó su celular y llamó a Dante.
—Soy yo —dijo Vanesa en un tono bajo—. Celia ya vació su habitación.


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