Salvatore permaneció en silencio durante varios segundos. Recordó inmediatamente la conversación con Matthias y aquella forma despreocupada en que había reducido a Davinna a una relación terminada. Un embarazo no significaba necesariamente que hubiera mentido respecto a la mujer, pero esconderla y mantener su ubicación incluso fuera del conocimiento de su propia familia era diferente.
—¿Estás segura? —preguntó finalmente, manteniendo la voz tranquila.
Bianca soltó el aire con impaciencia.
—Sí. Devora me lo dijo sin querer. Pensó que Matthias ya me había contado porque yo le dije que él me había hablado de Davinna.
Salvatore frunció el ceño.
—¿Matthias te habló de ella?
Bianca apartó la mirada durante un segundo.
—No. Se lo dije para conseguir que Devora hablara.
Salvatore comprendió y volvió a concentrarse en lo importante.
—¿Devora sabe dónde está?
—No. Matthias tampoco se lo dijo a ella.
Bianca se acercó más.
—Papá, si la escondió es porque pretende protegerla hasta que nazca ese niño. No voy a casarme con Matthias para descubrir después que su primer hijo heredará todo mientras los míos quedan detrás de un bastardo.
Salvatore la observó en silencio. Bianca estaba alterada y lo sabía, pero no intentó discutir con ella en ese momento. Se levantó y rodeó lentamente el escritorio.
—Cálmate.
—No quiero calmarme.
Bianca negó con la cabeza y sostuvo la mirada de su padre.
—Quiero que la encuentres.
Salvatore se detuvo frente a ella.
—La encontraré.
La seguridad de su respuesta consiguió que Bianca dejara de tensar los hombros.
—¿Y después?
Salvatore le acomodó suavemente un mechón de cabello, con la tranquilidad de un padre acostumbrado a solucionar los problemas de su hija.
—Tú ocúpate de tu boda —soltó mientras los labios de su hija se fruncían.
Bianca continuó mirándolo.
—¿Y Davinna?
Salvatore no vaciló.
—Para cuando termine tu boda, Davinna Allen estará muerta y dejará de ser un problema.
La tensión desapareció lentamente del rostro de Bianca. No preguntó cómo lo haría. Tampoco necesitaba saberlo. Su padre siempre había cumplido cuando le prometía encargarse de algo.
—Gracias, papá.
Salvatore le dio un beso en la frente antes de apartarse.
—Ahora déjamelo a mí.
Bianca recogió su bolso mucho más tranquila de lo que había llegado.
...
El sábado, Matthias terminó de ajustar los gemelos de la camisa mientras Francesco esperaba a pocos pasos de él.
Habían pasado días preparando aquel momento y no se refería precisamente a flores, invitados ni ceremonia. Matthias revisó la hora y después tomó la chaqueta negra. Había elegido vestir completamente de negro, una decisión que nadie se atrevería a cuestionar y que le parecía bastante apropiada considerando en los funerales era común el luto.
—Quiero todo listo antes de que lleguemos —ordenó mientras terminaba de colocarse la chaqueta.
Francesco asintió sin mostrar ninguna sorpresa.
—Todo está como lo planeó, señor.

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