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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 76

Sin pensarlo dos veces, Devora descendió los escalones con pasos rápidos y calculados, interceptando a Davinna justo antes de que cruzara el gran portón de entrada.

—Así que finalmente te marchas —soltó Devora, cruzándose de brazos y dibujando en los labios una sonrisa teñida de satisfacción mal disimulada.

Davinna se detuvo. No tenía la menor gana de gastar energía en las provocaciones de la mujer que llevaba semanas intentando marcar territorio a costa suya.

—Eso parece —respondió Davinna con una calma helada, acomodándose el bolso en el hombro.

—¿Adónde te lleva? —inquirió Devora, entornando los ojos para leer cualquier gesto de debilidad en el rostro de la chica.

—Pregúntaselo a Matthias —replicó Davinna, mirándola a los ojos sin pestañear—. A mí tampoco se ha molestado en decírmelo.

La frase golpeó a Devora con una fuerza inesperada. Se quedó desconcertada al comprender que ni siquiera Davinna conocía el lugar exacto al que la enviaban. Giró la cabeza hacia Gemma, que aguardaba un paso más atrás.

—¿Tú también te marchas? —preguntó Devora, endureciendo la voz.

—El señor Angelini me ordenó acompañar a la señorita Allen y estar a su servicio —respondió Gemma con un tono profesional que no daba pie a discusiones.

Devora apretó los labios. Las sospechas comenzaron a hervir en su mente. ¿Por qué enviar a una sirvienta de confianza a un lugar desconocido? ¿Por qué tanto misterio alrededor de la salida de una mujer a la que se suponía que Matthias estaba dejando de lado? Sin embargo, decidió guardar silencio y no montar ningún espectáculo frente a los guardias.

Davinna no esperó más. Dio media vuelta y cruzó la puerta de la mansión sin mirar atrás. Inmediatamente después de que el automóvil arrancara, Devora se giró sobre sus talones y caminó a pasados decididos hacia el ala oeste de la casa, dispuesta a buscar respuestas en la fuente original.

En el despacho principal, Matthias se encontraba de pie junto a su escritorio, revisando unos informes financieros. La luz matutina que filtraba el ventanal resaltaba las facciones duras de su rostro y la sombra de cansancio acumulado alrededor de sus ojos.

Sicario se encontraba en lo alto de un mueble muy atento al pedazo de plátano que sostenía en su pequeña mano.

La puerta del despacho se abrió sin previo aviso. Devora entró con paso firme, cerrando la hoja de madera a sus espaldas con un golpe seco.

—Acabo de ver salir a Davinna con sus maletas —dijo de entrada, sin rodeos, deteniéndose en mitad de la habitación.

Matthias no se sobresaltó ni levantó la mirada de los documentos que tenía entre las manos. Pasó una página con absoluta tranquilidad antes de responder con esa voz grave que dominaba todo el espacio.

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