Se inclinó sobre la orilla de la cama, tomó el tobillo de Davinna y le retiró el primer zapato de tacón alto, dejándolo a un lado en el suelo. Repitió la operación con el segundo pie, liberando a la chica de la presión del calzado.
Matthias caminó hacia la puerta y llamó a Gemma, que aguardaba en el pasillo.
—Ayúdala a cambiarse —le ordenó a la sirvienta en voz baja pero imperiosa—. Asegúrate de que beba un poco más de agua y de que la cama sea cómoda. Si necesita algo durante la noche, me avisaste de inmediato.
Gemma asintió con una leve reverencia de respeto.
—Así lo haré, Señor Angelini.
Matthias echó una última mirada hacia la cama antes de salir. Davinna ya se había acurrucado de lado, profundamente dormida. El capo cerró la puerta a sus espaldas con un chasquido imperceptible, mientras observaba la pequeña figura de Sicario en el pasillo. El mono mostró algo parecido a una sonrisa, antes de trepar hasta su hombro mientras Matthias entraba en su habitación.
…
A la mañana siguiente, la atmósfera festiva de los Rinaldi había desaparecido por completo del despacho de Matthias. El capo vestía pantalones oscuros y una camisa de mangas arremangadas que dejaba al descubierto sus antebrazos gruesos y tatuados. Se encontraba revisando una serie de mapas logísticos cuando la puerta del despacho se abrió tras dos toques secos.
Francesco entró con su habitual carpeta de cuero bajo el brazo y una expresión de cautela en el rostro.
—Salvatore Vitale ha llamado a primera hora —anunció el consejero, cerrando la puerta tras de sí—. Quiere fijar una fecha para la reunión formal este jueves. Desea comenzar a discutir las condiciones del acuerdo, las cláusulas de protección territorial y los detalles del compromiso con Bianca.
Matthias no levantó la mirada de los documentos que tenía sobre la mesa.
—Nada se anuncia antes de la boda de Donatella Allen —sentenció el capo con voz dura y tajante.
Francesco parpadeó despacio tras los cristalinos de sus anteojos, deteniéndose a mitad del despacho.
—¿La boda de la hermana de la señorita Davinna? —preguntó con un tono que dejaba traslucir una ligera sorpresa—. Pensé que esa era una simple formalidad familiar para acompañar a Davinna.
—Le di mi palabra de acompañarla —respondió Matthias con frialdad, estampando su firma al pie de una hoja.

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