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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 70

Se inclinó sobre la orilla de la cama, tomó el tobillo de Davinna y le retiró el primer zapato de tacón alto, dejándolo a un lado en el suelo. Repitió la operación con el segundo pie, liberando a la chica de la presión del calzado.

​Matthias caminó hacia la puerta y llamó a Gemma, que aguardaba en el pasillo.

​—Ayúdala a cambiarse —le ordenó a la sirvienta en voz baja pero imperiosa—. Asegúrate de que beba un poco más de agua y de que la cama sea cómoda. Si necesita algo durante la noche, me avisaste de inmediato.

​Gemma asintió con una leve reverencia de respeto.

​—Así lo haré, Señor Angelini.

​Matthias echó una última mirada hacia la cama antes de salir. Davinna ya se había acurrucado de lado, profundamente dormida. El capo cerró la puerta a sus espaldas con un chasquido imperceptible, mientras observaba la pequeña figura de Sicario en el pasillo. El mono mostró algo parecido a una sonrisa, antes de trepar hasta su hombro mientras Matthias entraba en su habitación.

…

​A la mañana siguiente, la atmósfera festiva de los Rinaldi había desaparecido por completo del despacho de Matthias. El capo vestía pantalones oscuros y una camisa de mangas arremangadas que dejaba al descubierto sus antebrazos gruesos y tatuados. Se encontraba revisando una serie de mapas logísticos cuando la puerta del despacho se abrió tras dos toques secos.

​Francesco entró con su habitual carpeta de cuero bajo el brazo y una expresión de cautela en el rostro.

​—Salvatore Vitale ha llamado a primera hora —anunció el consejero, cerrando la puerta tras de sí—. Quiere fijar una fecha para la reunión formal este jueves. Desea comenzar a discutir las condiciones del acuerdo, las cláusulas de protección territorial y los detalles del compromiso con Bianca.

​Matthias no levantó la mirada de los documentos que tenía sobre la mesa.

​—Nada se anuncia antes de la boda de Donatella Allen —sentenció el capo con voz dura y tajante.

​Francesco parpadeó despacio tras los cristalinos de sus anteojos, deteniéndose a mitad del despacho.

​—¿La boda de la hermana de la señorita Davinna? —preguntó con un tono que dejaba traslucir una ligera sorpresa—. Pensé que esa era una simple formalidad familiar para acompañar a Davinna.

​—Le di mi palabra de acompañarla —respondió Matthias con frialdad, estampando su firma al pie de una hoja.

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