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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 27

A la mañana siguiente, Matthias despertó con una laguna mental enorme. Creyó que las borrosas imágenes de la noche anterior eran producto del exceso de alcohol y jamás sospechó lo que Devora había hecho. Para él, esa noche simplemente no había existido.

Para Devora, en cambio, esa noche lo había cambiado todo. Se convenció a sí misma de que ese beso era la prueba irrefutable de que Matthias la deseaba en el fondo de su alma.

Devora dobló cuidadosamente la camisa de lino, la colocó exactamente en el mismo lugar dentro del cajón para no dejar rastro y cerró la puerta de caoba. Su vínculo con Matthias no tenía nada de sano; era una construcción alimentada por la obsesión y el autoengaño, y no pensaba permitir que Davinna destruyera la fantasía que llevaba años alimentando.

...

Mientras tanto, en la oficina temporal que los Angelini mantenían cerca de la zona industrial de Palermo, Matthias permanecía de pie frente al ventanal, observando el movimiento de sus camiones. Estaba agotado, con la camisa remangada hasta los codos y la mandíbula tensa. La sospecha de que alguien dentro de su propia gente le había vendido información a sus enemigos le amargaba el humor.

Francesco Martini entró a la habitación sosteniendo una libreta de notas.

—La limpieza en el almacén cuatro casi termina —reportó el consigliere—. Y la seguridad de la mansión ya fue reforzada con ocho hombres más en el perímetro.

Matthias no se giró.

—¿Y Davinna? —preguntó de inmediato, con voz áspera.

—Elio sigue con ella en la pastelería. Reportó que hace una hora hubo un incidente con el ex prometido, Valentino Ferraro. Elio lo sacó del local sin que la situación pasara a mayores.

Matthias se giró lentamente, con los ojos echando chispas de irritación.

—¿Por que no me avisaron? —cuestionó comenzando a perder la calma.

Francesco soltó un suspiro, sabía que se molestaria al saberlo.

—No quiero a ese muerto de hambre cerca de ella, si pone un pie cerca de la madre de mi hijo, si lo ven deben avisarme, a menos que deseen una puta bala entre las cejas —soltó con frialdad—. Pon a otro hombre a vigilarla.

La idea de que su ex la estuviera rondando le quemaba el pecho. Tal parecía que tendrian que hacerle una visita pronto.

Francesco frunció levemente el ceño.

—Elio es uno de nuestros mejores elementos, señor. Es más que suficiente para protegerla.

—No hablo de cambiar a Elio —corrigió Matthias, avanzando hacia el escritorio—. Quiero un segundo hombre. Alguien que no esté pegado a ella como guardaespaldas visible. Alguien que la siga a distancia, que sepa a qué hora entra, a qué hora sale, con quién habla y cada minimo detalle.

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