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El Heredero del Arrogante Millonario romance Capítulo 25

Davinna no volvió a ver a Matthias antes de marcharse a trabajar por la mañana. Se levantó con el cuerpo tenso, recordando a cada segundo el roce de sus manos y la brusquedad con la que él había dejado la habitación tras la llamada del puerto. La mansión continuaba en silencio cuando abandonó el dormitorio, seguida inmediatamente por Elio para dirigirse a la pastelería.

En el negocio, el olor a mantequilla derretida y azúcar quemada no alcanzaba a despejarle la cabeza. Tras la barra de cristal, el ambiente se volvió helado en cuanto la campanilla de la entrada terminó de repicar.

Valentino Ferraro permanecía de pie en el centro del local. Vestía un traje de corte impecable en tono azul marino, ajustado con la pulcritud que solo la alta costura siciliana podía ofrecer. Su postura, la barbilla levemente alzada y la calma con la que sostenía un reloj de oro en la muñeca proyectaban la imagen de un heredero millonario sin una sola preocupación en el mundo. Nadie que lo observara en ese momento podría sospechar que los Ferraro navegaban sobre un mar de deudas y que su apellido estaba al borde de la quiebra.

Davinna se quedó rígida tras el mostrador. Sostuvo la mirada de su exprometido con una frialdad absoluta. Le dolía la traición en lo más profundo del pecho, pero se negó rotundamente a mostrar una sola grieta de debilidad frente a él.

Elio Caruso, sentado en una mesa cercana, se incorporó de inmediato. Cruzó los brazos sobre el pecho y mantuvo los ojos fijos en Valentino, midiendo cada uno de sus movimientos a una distancia prudente. El guardaespaldas pensó por un segundo en llamar a Matthias para informarle de la presencia del tipo, pero recordando que el jefe estaba en medio de una junta importante para resolver el sabotaje en los muelles, decidió no interrumpirlo y encargarse él mismo del asunto. Chiara, que conocía cada lágrima que Davinna había derramado, dejó caer el paño de limpieza sobre la madera y apretó los dientes con desprecio.

En cuanto Valentino dio el primer paso hacia el mostrador, Davinna se apoyó con ambas manos en el cristal y soltó con voz firme y tajante:

—Lárgate de aquí si no quieres que te echen a patadas.

A Valentino no le importó la advertencia en lo más mínimo. Se acomodó la corbata, ignorando el tono agresivo de ella, y avanzó hasta quedar justo frente a la barra. Tenía la mandíbula apretada y una molestia mal disimulada marcándole las facciones.

—Donatella dijo que te vio aquí con un hombre —empezó Valentino sin rodeos, inclinándose hacia ella con unos celos tensos e inquisitivos que apenas podía contener—. ¿Quién demonios es ese tipo, Davinna? ¿Te estás acostando con alguien por despecho? ¿O lo haces por qué necesitas dinero?

Davinna soltó una risa corta y helada, manteniendo la frente en alto. De verdad había preguntado eso. Aunque ya no le sorprendia de ese imbécil

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