El shock que había paralizado a Ricardo Estevez duró exactamente quince segundos. Fue el tiempo que tardó el video de Doña Elodia en llegar a su clímax, el tiempo que tardó su mente en procesar la magnitud de la catástrofe.
Luego, el instinto tomó el control. El instinto del CEO, del magnate, del hombre cuyo universo se regía por una regla de hierro: controlar la narrativa.
Y la narrativa, en ese momento, era una bola de fuego nuclear fuera de control.
Superando la parálisis, se llevó el teléfono a la oreja, ignorando por completo el caos que lo rodeaba. Su rostro, que había sido una máscara de incredulidad, se transformó en una de furia fría y calculada.
—¡Corten la transmisión en vivo! ¡Ahora! —ladró al auricular, su voz era un látigo. No esperó una respuesta—. ¡Quiero un comunicado de prensa en diez minutos! Decimos que la Chef Fuentes es víctima de un sabotaje coordinado. Negamos todo. ¿Me oyes? ¡Todo!
Se abrió paso entre la gente de la primera fila, empujando a un lado a un crítico gastronómico atónito. Su objetivo era el escenario, era Natalia.
Pero el mundo que él estaba acostumbrado a dominar con una sola palabra se había vuelto en su contra. La zona entre los asientos VIP y el escenario se había convertido en un frenesí de cuerpos. Periodistas, fotógrafos, blogueros… todos se agolpaban hacia el frente, un muro de cámaras y micrófonos extendidos como armas.
—¡Señor Estevez! ¿Qué opina de las acusaciones de plagio?
—¡Ricardo! ¿Grupo Estevez apoyaba un fraude?
—¿Era usted consciente de que la receta era robada?
Las preguntas lo golpearon como metralla. Por primera vez en su vida adulta, su nombre y su presencia no despejaban un camino, sino que atraían a los depredadores.
—¡Apártense! —rugió, tratando de empujar a un camarógrafo.
Pero era inútil. Eran demasiados. Estaban hambrientos. Olían la sangre en el agua.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...