Entrar Via

El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 333

El taller de "Raíz", que olía a madera nueva y a promesas, se había convertido en un cine improvisado.

Sobre una mesa de trabajo, una tablet retransmitía el apocalipsis mediático de Natalia Fuentes.

Valeria estaba de pie, con los brazos cruzados, una sonrisa salvaje y triunfante en el rostro.

Cada titular humillante, cada meme cruel, era una pequeña victoria que saboreaba con un placer visceral.

—¡Toma! —exclamó, señalando la pantalla con un dedo manchado de pintura—. ¡Justo en el hocico! ¡Eso te pasa por meterte con las que no debes, pinche plagiadora!

Su risa era fuerte, genuina, el sonido de la justicia callejera celebrando un nocaut.

—Mira, mira esta. Le pusieron su cara al cuerpo de un Oompa Loompa. ¡No manches, la gente no tiene madre!

Se giró hacia Alejandra, esperando compartir la euforia, esperando ver una sonrisa, un gesto de satisfacción.

Pero no encontró nada de eso.

Alejandra estaba sentada en un banco de madera, con las manos entrelazadas sobre su regazo.

Observaba la misma pantalla, la misma demolición pública de su enemiga.

Pero su rostro era un lago en calma.

No había alegría. No había odio. No había ni una pizca de la euforia que vibraba en el aire del taller.

Sus ojos seguían el torrente de noticias con la distancia de un general estudiando un mapa después de la batalla.

Analizaba. Procesaba. Pero no sentía.

—¿No te da gusto, Ale? —preguntó Valeria, su propia alegría titubeando un poco ante la extraña calma de su amiga—. La estamos reventando. Está acabada.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra