La oficina de Javier, el asistente personal de Ricardo Estevez, era un cubículo de cristal sin alma.
Un espacio funcional diseñado para la eficiencia, no para la comodidad.
Y en ese momento, se sentía como el centro de una tormenta silenciosa.
Desde que Ricardo había emitido la orden, la "Operación Protección Alejandra" se había convertido en la máxima prioridad de Javier.
Tres hombres, ex militares con más experiencia en combate que todo el consejo de administración de la empresa, seguían a Alejandra a todas partes.
Sus informes llegaban al correo encriptado de Javier cada hora.
Eran, en su mayoría, aburridos.
"14:00: Sujeto sale de la panadería en la Roma".
"15:30: Sujeto entra al taller 'Raíz de Origen'".
"17:00: Sujeto regresa al penthouse".
Pero esa mañana, un informe diferente llegó.
Estaba marcado como "URGENTE".
Javier lo abrió, su corazón comenzando a latir un poco más rápido.
Era una transcripción.
El equipo de seguridad no solo seguía a Alejandra. Monitoreaban sus comunicaciones.
El informe detallaba una llamada entrante a su teléfono de prepago.
"Origen: Teléfono público, San Pedro y San Pablo Ayutla, Oaxaca".
Javier frunció el ceño. Oaxaca.
Leyó la transcripción.
La voz de un hombre mayor, asustado. Hablaba de una visita. De amenazas veladas. De una camioneta negra. De un hombre con una cicatriz.
Y luego, las palabras que hicieron que la sangre de Javier se helara.
"Tenga cuidado, señorita. La maldad de la ciudad ha llegado al campo. Le dijeron que usted trae mala suerte. Que es arriesgado hacer negocios con usted".
Javier se reclinó en su silla, el cuero crujiendo en el silencio.
Esto no era un robo al azar. Esto era un ataque coordinado. Un sabotaje.
Y estaba dirigido directamente al corazón del negocio de Alejandra.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...