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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 316

La noticia de la humillación pública de Ricardo no tardó en llegar a la mansión de los Rojas Ibáñez.

Cayó como una bomba de veneno en el desayuno.

Sofía, que todavía cumplía su arresto domiciliario, vio el titular en el teléfono de su madre y casi se ahoga con su jugo verde.

Mateo, que había sido reducido a la ignominia de revisar los gastos de la casa como un contable de bajo nivel, lo escuchó en las noticias de la radio de la cocina.

La reacción inicial fue una oleada de placer mezquino.

Ver a Ricardo, el primo perfecto, el heredero todopoderoso, arrastrado por el mismo lodo que a ellos, fue satisfactorio.

Pero esa satisfacción duró apenas un instante.

Fue reemplazada por una furia helada.

La audacia de Alejandra era un insulto directo a ellos, a su apellido, a su mundo.

Se encontraron en la biblioteca, el mismo lugar donde su padre los había despojado de su poder.

El aire todavía parecía oler a su humillación.

—¡Esa gata!

La voz de Sofía era un siseo, un eco de la rabia que había sentido en la escuela.

Sostenía su teléfono, mostrando el artículo como si fuera una prueba del fin del mundo.

—¿Quién se cree que es para avergonzar así a nuestra familia? ¡Rechazar un local en Masaryk! ¡Delante de todo el mundo! ¡Nos está haciendo quedar como unos idiotas!

Mateo caminaba de un lado a otro frente a la chimenea, como un animal enjaulado.

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