El lugar de encuentro fue una panadería artesanal en la colonia Roma, un lugar lleno de luz, el olor a pan recién horneado y el murmullo de conversaciones creativas.
Era el territorio de Alejandra. El antídoto para el veneno de Polanco.
Sofía Aranda, la periodista, llegó con una libreta y una grabadora, sus ojos brillando con la emoción de una exclusiva.
Alejandra no perdió el tiempo. Después de pedir dos cafés, fue al grano.
Colocó la lujosa carpeta de cuero sobre la mesa de madera rústica.
La abrió.
Y deslizó las pesadas llaves del local de Masaryk sobre la superficie.
El sonido del metal contra la madera fue suave, pero tuvo el efecto de un disparo.
Los ojos de la periodista se abrieron como platos. Reconoció las llaves de diseño, el tipo de objeto que solo se ve en las transacciones inmobiliarias de más alto nivel.
—¿Qué es esto? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Es un regalo —dijo Alejandra, su tono era neutral, casi factual—. Un gesto muy… generoso del señor Ricardo Estevez. Es un local en Presidente Masaryk. A nombre de mi empresa.
La periodista se quedó sin aliento. La magnitud del regalo, del "gesto", era una noticia en sí misma.
—Pero no lo voy a aceptar —continuó Alejandra.
Sofía Aranda levantó la vista de las llaves, su mente corriendo a toda velocidad. Esto era mucho más grande de lo que había imaginado.
—Agradezco los… gestos del señor Estevez —dijo Alejandra, eligiendo sus palabras con el cuidado de un diplomático declarando la guerra—. Pero "Raíz de Origen" es un proyecto que nació del trabajo, no de la caridad. Nació en una cocina de servicio y creció en un mercado de fin de semana.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, su mirada directa, su voz llenándose de una pasión tranquila pero inquebrantable.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...