El amanecer en Santa Fe es un espectáculo frío y corporativo.
Los primeros rayos de sol no tocan la tierra; golpean las cimas de los rascacielos de cristal, reflejándose en ángulos agudos, una luz pálida y sin calor.
A las seis de la mañana, la maquinaria del edificio más exclusivo de la ciudad se puso en marcha.
Llegó el turno de la mañana.
Conserjes con uniformes impecables. Personal de limpieza con carritos silenciosos. Guardias de seguridad con rostros descansados y trajes recién planchados.
Se movían con la eficiencia discreta que se esperaba en un lugar donde la mensualidad del mantenimiento superaba el salario anual de la mayoría de ellos.
El vestíbulo era un templo de mármol y silencio.
Todo estaba en su lugar.
Hasta que llegaron al piso cincuenta.
El equipo de limpieza fue el primero en encontrarlo.
Dos mujeres que salieron del elevador de servicio se detuvieron en seco, sus ojos se abrieron con una mezcla de shock y terror.
Se quedaron paralizadas, sin saber qué hacer.
En el suelo del pasillo, recostado contra la pared junto a la puerta de la suite de la señorita Robles, había un hombre.
Estaba empapado.
Su camisa blanca, arruinada, se le pegaba al torso. Su pantalón de vestir estaba manchado y arrugado. Un charco de agua de lluvia se había formado a su alrededor sobre el impoluto mármol blanco.
Su cabeza estaba echada hacia atrás, los ojos cerrados. Parecía que dormitaba, exhausto.
Su rostro estaba pálido, con un matiz azulado por el frío.
Era como ver una estatua de un dios griego derribada de su pedestal y abandonada a la intemperie.
Era Ricardo Estevez.
Las mujeres retrocedieron lentamente y llamaron por radio al jefe de seguridad del turno, Horacio Vargas.
Vargas era un hombre de unos sesenta años, un ex policía judicial que lo había visto todo. O eso creía.
Subió, esperando encontrar una emergencia, una tubería rota, quizás.
Lo que encontró lo dejó sin palabras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...