El primer "me gusta" apareció en menos de un segundo.
Luego diez. Luego cien.
Fue como ver un incendio forestal nacer de una sola chispa.
La publicación de Natalia no solo se hizo popular.
Explotó.
En la sala de guerra de la agencia de Mendoza, los monitores mostraban gráficos que se disparaban hacia el techo.
El equipo de "siembra", una docena de jóvenes que manejaban cientos de cuentas falsas, entró en acción.
Inundaron la sección de comentarios con las primeras oleadas de apoyo.
"¡Qué valiente! Se necesita mucha clase para admitir un error así".
"Toda una dama. Ojalá todos tuvieran tu humildad".
"¡Esto te hace aún más grande, Natalia! ¡Una verdadera inspiración!".
Estos comentarios fabricados crearon el tono.
Establecieron la narrativa.
Y el público real, como un rebaño, los siguió.
En cuestión de minutos, la publicación se inundó de miles de comentarios genuinos, todos haciendo eco del sentimiento inicial.
La gente no leía entre líneas.
Tomaban la confesión al pie de la letra.
Y la adoraban por ello.
Al mismo tiempo, la segunda fase del plan de Mendoza se activó.
Los medios de comunicación, aquellos a los que se les había pagado un generoso "anticipo de publicidad", replicaron la carta de inmediato.
Los portales de noticias más importantes publicaron artículos con titulares como:
"Natalia Fuentes, en una Conmovedora Carta Abierta, Admite 'Error de Omisión' y Pide Perdón".
"La Humildad de una Grande: La Lección de Natalia Fuentes".
La historia ya no era un chisme de Instagram.
Era una noticia nacional.
En el penthouse, Alejandra y Valeria observaban la masacre desde el sofá, cada una en su propio teléfono.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...