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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 205

Adrián ignoró por completo la orden implícita de Ricardo. En lugar de retirarse, su gesto se volvió aún más íntimo y protector hacia Natalia. Le ofreció el brazo con una galantería exagerada, una clara demostración de que él era su verdadero caballero.

—Nati, vámonos —dijo, su voz ahora suave y llena de una ternura calculada—. No deberías estar en este ambiente. Es tóxico. Necesitas descansar.

Natalia, interpretando su papel a la perfección, asintió con fragilidad y se aferró a su brazo. La dinámica era clara: Adrián era el salvador, Ricardo era el hombre que no había sabido protegerla de la "amenaza".

La mandíbula de Ricardo se tensó. Ver la mano de Natalia en el brazo de Adrián, ver la forma en que él la miraba con esa devoción de perro faldero, le revolvió el estómago. Eran celos, puros y primitivos, mezclados con la irritación de ser desafiado en su propio territorio.

Mientras Adrián guiaba a Natalia hacia la salida del bar, ella hizo una última jugada. Justo antes de desaparecer por la puerta, giró la cabeza y miró a Alejandra por encima del hombro de Adrián.

No había lágrimas en sus ojos ahora.

Su boca se curvó en una sonrisa de triunfo, pequeña, sutil, pero llena de un veneno victorioso. Era una sonrisa que decía: ¿Ves? No importa tu talento. No importa tu inteligencia. Yo tengo a los hombres. Yo tengo el poder. Y tú no tienes nada.

Había logrado exactamente lo que quería: enfrentar a los dos hombres más poderosos de su vida contra su enemiga común. Los había unido en una alianza tácita, con ella como el preciado tesoro que ambos debían proteger.

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