El momento de la verdad había llegado. El presentador se colocó junto a la gran pantalla del estudio, donde los nombres de los concursantes esperaban junto a casillas vacías. La tensión era palpable; el murmullo del público se había convertido en un silencio expectante.
—Comenzaremos con el juez Jean-Pierre Dubois —anunció Christian Herrera.
La cámara enfocó al chef francés. Él se aclaró la garganta, su expresión seria y analítica.
—En la alta cocina, buscamos la emoción a través de la técnica —comenzó, su acento añadiendo un aire de autoridad—. Lo que he probado hoy ha sido una lección. Una lección de que la técnica más compleja puede ser la simplicidad misma. El balance de la salsa, la textura del tamal, la sorpresa ahumada del elote tatemado… Ha sido un viaje.
Levantó su paleta digital. En la pantalla gigante, un número apareció junto a su nombre.
9.8.
Un jadeo de asombro recorrió el estudio, seguido de una nueva ola de aplausos. Una puntuación casi perfecta de un juez conocido por su exigencia.
—Por la audacia, la técnica impecable y un sabor que, se lo aseguro, me transportó directamente a un campo en Oaxaca —concluyó Jean-Pierre.
—¡Un increíble 9.8 para Alejandra Robles! —exclamó el presentador, tratando de hablar por encima del ruido—. ¡Una de las puntuaciones más altas de la temporada! Ahora, pasemos a la presidenta de nuestro jurado, la leyenda viviente, la chef Graciela Arellano.
El silencio regresó, aún más denso que antes. La opinión de Graciela era la que más pesaba. Ella miró directamente a Alejandra, una rara y cálida sonrisa en sus ojos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...