La acusación de Natalia, apuntalada por la prueba fotográfica, fue como un galón de gasolina arrojado sobre el fuego. El murmullo de asombro del público se transformó instantáneamente en un rugido de desaprobación y chisme.
La narrativa había sido secuestrada.
En un instante, Alejandra dejó de ser la talentosa desvalida que había superado un sabotaje. Ahora era una tramposa. Una impostora.
Los otros concursantes, que momentos antes la miraban con una mezcla de envidia y respeto, ahora la observaban con un desprecio abierto. Susurraban entre ellos, lanzándole miradas venenosas.
—Lo sabía. Era demasiado bueno para ser verdad.
—¿Comida de la tierra? Más bien, idea robada de Europa.
—Qué vergüenza para la cocina mexicana.
En la zona VIP, Adrián Morales levantó su copa de champán en un brindis silencioso hacia el monitor. Su sonrisa era la de un estratega que acaba de ejecutar un jaque mate. Este era su plan de contingencia, la red de seguridad que había tejido con Natalia. Si no podían ganarle en sabor, la destruirían con deshonor. Y estaba funcionando a la perfección.
Christian Herrera, el presentador, se encontraba en una pesadilla de producción en vivo. El ambiente se había vuelto tóxico. Tenía que intervenir, darle a Alejandra la oportunidad de defenderse, aunque solo fuera por el bien del espectáculo.
Se acercó a ella, su rostro una máscara de profesionalismo tenso. El camarógrafo lo siguió, la lente de la cámara invadiendo el espacio personal de Alejandra, buscando una lágrima, una grieta en su compostura.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra
Hasta ahora esta muy interesante...