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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 128

El segundo sábado de "Raíz" en el mercado de Coyoacán fue incluso mejor que el primero. La noticia se había corrido. La gente llegaba buscando específicamente el puesto con el logo de la raíz de agave, mencionando a la influencer que lo había recomendado o al amigo que les había dado a probar la crema.

El flujo de clientes era constante. Alejandra y Valeria trabajaban en una sincronía perfecta. Alejandra, con su conocimiento profundo y su calma tranquilizadora, explicaba los ingredientes y los beneficios. Valeria, con su energía inagotable y su humor callejero, cerraba las ventas y hacía que cada cliente se sintiera como un amigo de toda la vida. La pequeña caja de metal se llenaba de billetes a un ritmo constante. El aire vibraba con una sensación de éxito, de algo bueno que estaba creciendo.

Alrededor del mediodía, cuando el sol estaba en su punto más alto y la multitud era más densa, Paulina de la Garza hizo su aparición.

Llegó como una visión de privilegio fuera de lugar, con sus lentes de sol de diseñador y su bolso de marca. Se acercó al puesto con la curiosidad estudiada de alguien que descubre un tesoro exótico.

—¡Hola! Oí hablar de ustedes en Instagram —dijo con una voz cantarina y entusiasta—. ¿Es aquí donde venden la famosa crema de agave?

Valeria la reconoció al instante como el tipo de "fresita" que rara vez se aventuraba tan al sur de la ciudad, pero un cliente era un cliente.

—Aquí mero —respondió Valeria con una sonrisa—. ¿Quieres probarla?

—¡Claro! —Paulina probó una pequeña muestra en su mano, exclamando sobre lo maravillosa que se sentía—. ¡Me la llevo! Necesito algo que me salve del horrible esmog de esta ciudad.

Compró un frasco de la crema, pagó con un billete grande y se alejó entre la multitud, sonriendo. Alejandra y Valeria intercambiaron una mirada de satisfacción. Otra clienta feliz.

Paulina caminó unos veinte metros, hasta un puesto de artesanías donde la multitud era más espesa. Dando la espalda al puesto de "Raíz", actuó como si estuviera admirando unos alebrijes. Con un movimiento rápido, sacó un pequeño tubo de su bolso. Contenía un gel a base de histamina concentrada, diseñado para crear un enrojecimiento rápido y una sensación de picazón sin causar daño real. Se aplicó una generosa cantidad en las mejillas y la frente.

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