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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 896

Al mismo tiempo, Jaime corría a toda velocidad en aquel enorme bosque; mientras se disponía a concentrar toda su Energía Espiritual en sus piernas, no pudo evitar pensar, consternado:

«Debo apresurarme a llegar a la Secta del Dios de la Medicina para que puedan curar mis heridas; de lo contrario, me temo que no lograré sobrevivir».

A la mañana siguiente, tan pronto arribó a su destino, los guardias se apresuraron a abrir las colosales puertas al advertir su presencia, pues, además, notaron el deplorable estado en el que se encontraba, por lo que no tardaron en informarle a Álvaro sobre su llegada; tan solo un momento después, Álvaro apareció, acompañado de un grupo de ancianos y Lilian, cuya voz resonó en un chirrido lleno de dolor al notar las heridas en su cuerpo:

—¡Jaime, no puedo creer que te encuentres en esta condición!

De inmediato, el apuesto hombre respondió en tono tranquilo para intentar tranquilizarla:

—No te preocupes; tan pronto logre recuperar mis fuerzas, les contaré todo al respecto —Al terminar de emitir esas palabras, dejó escapar un pequeño grito de dolor, antes de continuar—: Señor Narvarte, necesito que prepare las hierbas necesarias para elaborar una Pastilla de Rejuvenecimiento. —Entonces, dejó escapar un enorme suspiro, exhausto.

Ante la inusual escena que se suscitaba frente a sus ojos, Álvaro protestó, casi en un susurro:

—Señor Casas, necesita descansar.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más al respecto, Jaime se apresuró a interrumpirlo al decir, con voz severa:

Debido a que era la primera vez que utilizaba el objeto de esa manera, no pudo evitar sentir el corazón acelerársele al descubrir sus mágicas cualidades; ante el inesperado acontecimiento, decidió explorar su interior, donde vislumbró unas palabras grabadas, que prosiguió a leer en voz alta:

—Así como el tigre acecha en las montañas, la serpiente surca el océano; solo el verdadero dolor nos liberará.

Al terminar, una cegadora luz emanó del interior del Caldero Divino; en ese momento, una sensación de absoluta paz inundó su cuerpo, mientras absorbía su energía. Sin embargo, pronto descubrió que se encontraba en un lago de fuego, dónde las infernales llamas comenzaron a devorar la carne en sus huesos; mientras sentía el agonizante dolor, intentó gritar para pedir ayuda, pero no pudo emitir ningún sonido. Al descubrir que todos sus esfuerzos eran en vano, no pudo evitar sucumbir ante la tortura, hasta perder el conocimiento.

Después de un tiempo, volvió a abrir los ojos al escuchar la tenue voz de alguien que llamaba su nombre:

—¡Jaime, despierta! No logro comprender qué sucedió, pero te encontré inconsciente en este lugar —dijo Lilia al ayudarlo a salir del Caldero Divino.

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