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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 893

De inmediato, ante la inminente amenaza, un cegador haz de luz cubrió el cuerpo de Jaime para protegerse; después de lograr bloquear el primer golpe, Stefano dijo, con voz enérgica:

—¡Al fin, un digno oponente! Ahora entiendo por qué mi hermano perdió la batalla, pues debo confesar que posee habilidades extraordinarias; sin embargo, le aseguro que no será tan fácil vencerme…

Entonces, antes de que pudiera reaccionar, Jaime apareció para lanzar un golpe con todas sus fuerzas; no obstante, para su sorpresa, un rayo de luz dorado emanó de la mano de Stefano para formar un escudo protector. Ante el inesperado curso de los acontecimientos, Jaime no pudo evitar sentir el corazón acelerársele, al tiempo que meditaba:

«Es evidente que Stefano es el guerrero más poderoso, así que debo encontrar una manera de vencerlo antes de que alguno de sus hombres decida interceder; además, no puedo perder más tiempo, pues la vida de Leviatán corre peligro».

El hombre parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar la voz de Stefano al decir:

—¡Mi turno! —Su voz resonó en tono alegre y de inmediato, se escuchó el ensordecedor sonido de un golpe al impactar en el rostro de Jaime, antes de hacerlo retroceder un poco; en ese momento, el apuesto hombre colocó la mano sobre su mejilla, al tiempo que recapacitaba:

«¡No puedo creer que Stefano haya logrado atravesar la barrera de Energía Espiritual! Al parecer, la única manera de salir victorioso de este embrollo consiste en rendirme, pues no se detendrá hasta conseguir la esencia dragoniana; sin embargo, no logrará alcanzar su cometido, en especial, después de que René sacrificara su vida para obtener esa fuente de energía…».

Ante esa idea, su rostro se endureció por completo, al tiempo que volvía a abalanzarse, en dirección de su oponente; entonces, otro fuerte golpe resonó en la atmósfera.

¡Bam!

«¡No puedo creer que Stefano fuera capaz de resistir ese golpe!».

El hombre parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar una voz decir en tono lleno de desdén:

—¡Ja! ¡Le sugiero que deje de malgastar su energía; ¡si decide entregarme la esencia dragoniana, consideraré perdonarle la vida!

Sin embargo, Jaime se limitó a permanecer en silencio, mientras su semblante se tornaba amenazador; entonces, alzó el brazo, donde la Espada Matadragones apareció tan solo un instante después. Al observar el líquido carmesí en la hoja del arma, Stefano no pudo evitar sentir un pequeño escalofrío recorrerle la espalda; no obstante, no tardó en reaccionar y de inmediato, la brillante luz que envolvía su cuerpo se intensificó. En ese momento, sus hombres desenvainaron unas pequeñas dagas, antes de lanzarlas por los aires y de inmediato, los objetos rodearon a la pareja para evitar que alguno escapara.

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