Mientras prestaba atención al impactante relato, Jaime no pudo evitar pensar:
«Debo admitir que tampoco tomaría esa decisión, en especial, debido a que existe una infinidad de reglas que deben cumplirse».
Ante esa idea, el apuesto joven se dispuso a decir, casi en un susurro:
—Bueno, desconocemos el tipo de adversarios que competirán este año…
No obstante, antes de que pudiera continuar, Teodoro lo interrumpió al expresar:
—Señor Casas, estoy seguro de que no tendrá problemas; después de todo, posee habilidades excepcionales.
Ante su insistencia, el rostro de Jaime se endureció por completo al indagar en tono severo:
—General Jiménez, le sugiero que me diga por qué estoy aquí…
Al percatarse de la delicada situación, Teodoro dejó escapar una carcajada, nervioso, antes de continuar:
—Señor Casas, no pretendo ofenderlo, pero me pregunto si es un hombre dispuesto a cumplir sus promesas.
De inmediato, Jaime hizo un pequeño gesto con la cabeza al responder, ecuánime:
—Por supuesto.
Entonces, el hombre maduro esbozó una pequeña sonrisa, antes de añadir:
—¡Fantástico! Bueno, le recuerdo que hace poco, aceptó representarme en el torneo; como poseo el cargo más alto en esta institución, ¡me alegra informarle que peleará en nombre del Ministerio de Justicia, así que solo debemos iniciar el papeleo para que pueda convertirse en un miembro oficial! Una vez que formalicemos su membresía, podrá ayudarme a entrenar a mis hombres; de esa manera, ¡nadie volverá a humillarnos! —Al terminar de emitir esas palabras, dejó escapar una estrepitosa carcajada, triunfante; sin embargo, Jaime decidió permanecer en silencio, mientras lo observaba.
Tras una breve pausa, el apuesto joven prosiguió a decir:
«Es verdad que, si bien he logrado mejorar mi nivel en muy poco tiempo, no seré capaz de vencer a todos mis enemigos sin ayuda; en especial, ahora que no solo las sectas de guerreros élite, sino distintas familias poderosas se han unido a la batalla en mi contra. Necesito algún tipo de apoyo si deseo acabar con la Familia Duval de una vez por todas, pues solo así podré rescatar a mi madre; de lo contrario, tendré que entrenar durante años y me temo que sería demasiado tarde para ese entonces. Además, a pesar de existir trece facciones de la Secta Dragón, me temo que mis esfuerzos han sido en vano, pues parecen haber desaparecido; de hecho, solo he podido encontrar tres de ellas».
Ante esa idea, dejó escapar un enorme suspiro, agotado, antes de continuar con sus inquietantes pensamientos:
«Asimismo y aunque estoy seguro de que la Secta del Dios de la Medicina no dudaría en pelear a mi lado, es evidente que las habilidades de combate de sus miembros no serían de mucha ayuda, pues ese grupo se especializa en la creación de pócimas medicinales; debo considerar la oferta de Teodoro, ya que no solo me permitiría atender mis asuntos, sino que gozaría de la protección de Ciudad Jade, ¡pues mi único objetivo consiste en sobrevivir hasta al menos lograr rescatar a mi madre!».
De inmediato, Jaime miró al hombre a su lado, al tiempo que indagaba en tono lleno de curiosidad:
—General Jiménez, me pregunto cuáles serían mis funciones como miembro del Ministerio de Justicia…
Al escucharlo, una enorme sonrisa cubrió el rostro de Teodoro al responder, triunfante:
—Señor Casas, le aseguro que tan solo tendrá que entrenar a mis hombres; de hecho, mi única petición consiste en que el equipo esté preparado para salir victorioso en todos los torneos, pues sabemos que usted no podrá representarnos en cada ocasión. —Su voz resonó en tono tranquilo al emitir aquellas palabras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)