Lilia notó el cambio en la expresión de Jaime y preguntó:
—¿Qué pasa?
—Nada. Vamos.
Jaime condujo a Lilia fuera del aeropuerto, planeando llamar a un taxi para regresar a casa.
Justo cuando Jaime estiró el brazo para llamar a un taxi, un costoso Rolls-Royce se detuvo a su lado.
—Suba al auto, Señor Casas.
Las ventanillas del auto se bajaron, mostrando a Tristán como conductor.
Jaime lo miró sorprendido. No sabía por qué Tristán estaba en Ciudad Higuera ni cómo el hombre se había enterado de su llegada.
Antes de que pudiera hacer una sola pregunta en su mente, Tristán dijo:
—Suba al auto primero, Señor Casas. Podemos hablar después.
Parecía y sonaba urgente.
Jaime ocupó el asiento del pasajero delantero del Rolls-Royce mientras Lilia se sentaba atrás. Una vez que entraron al auto, Tristán pisó el acelerador.
—¿Por qué estás en Ciudad Higuera? —le preguntó Jaime a Tristán.
Tristán se lanzó a dar una larga explicación.
—Señor Casas, no soy el único que está en Ciudad Higuera. Mi abuelo también está aquí. No tiene ni idea de la cantidad de gente que lo estuvo buscando durante este tiempo. Bastantes de ellos vinieron a Ciudad Higuera. Mi abuelo trajo a los Benítez a esta ciudad porque estaba preocupado por la seguridad de su familia. Llevamos un mes en Ciudad Higuera.
—¿Buscándome a mí? —Jaime frunció el ceño en respuesta.
—Sí, buscándolo. Esa gente mencionó algo de esencia dragoniana. Yo tampoco lo tengo muy claro. Básicamente, lo busca mucha gente, todos dicen ser de Ciudad de Jade, pero no conozco a ninguno. Ni siquiera mi abuelo tiene idea de quiénes son. Sin embargo, todos parecen ser hábiles luchadores.
La voz de Tristán había empezado a temblar mientras hablaba. Era evidente, aquellos hombres le habían asustado.
—¿Quiénes son esas dos personas? ¿Cómo están Tomás y Fénix ahora? —Jaime exudó al instante un aura asesina al enterarse de las heridas de sus amigos.
Tristán murmuró:
—Creo que dijeron que eran de la Secta Empírea y de Turcoln. Algo así. Nunca escuché hablar de esas organizaciones, pero esos dos hombres eran muy hábiles. Ambos son Grandes Maestros de las Artes Marciales. El abuelo apenas los mantuvo a raya antes de mandar esta información para que usted se mantenga escondido, Señor Casas.
Todo cobró sentido cuando Jaime lo escuchó mencionar la Secta Empírea y Turcoln.
—¡Hilario Saldaña y Delfino Nava! —Los ojos de Jaime se estrecharon.
Su mirada se endureció con un brillo asesino.
—¡Oh, creo que esos son sus nombres! —Tristán asintió de inmediato y continuó—: Señor Casas, déjeme conducirlo fuera de la ciudad. Puede esconderse en un lugar seguro por el momento.
Lilia escuchó su conversación desde el asiento trasero. Su expresión decayó al escuchar hablar de la Secta Empírea y de Turcoln. Ella conocía esos clanes. Jaime no fue rival para Hilario la vez que discutieron en el pasado. Con el mucho más fuerte Delfino en la escena y colaborando con Hilario, Jaime ya había perdido la batalla incluso antes de que comenzara.

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