Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 855

En un abrir y cerrar de ojos, el aura aterradora que envolvía a Jaime desapareció sin dejar rastro. La sorpresa inundó a Jaime, y giró su mirada hacia Leviatán.

En ese mismo momento, los ojos de Leviatán se fijaron al instante en el anillo del dedo de Jaime. La única razón por la que se detuvo fue porque vio el anillo.

Al ver su expresión en ese momento, Jaime frunció un tanto el ceño, al parecer, había pensado en algo. Después de todo, Tomás y Fénix tuvieron exactamente las mismas expresiones cuando vieron su anillo.

En poco tiempo, Leviatán se recompuso. Tras ese fugaz cambio de expresión, recuperó de inmediato la compostura y le dijo a Jaime:

—Ya que eres amigo de mi hijo, hoy lo dejaré pasar. Ven conmigo.

Su repentino cambio dejó atónitas tanto a Josefina como a Isabel. Al principio, pensaron que Jaime moriría ese día, pero Leviatán se detuvo en seco.

Del mismo modo, Constantino y Celio se sorprendieron. Ninguno de los dos podía deducir con exactitud lo que planeaba hacer Leviatán.

Sin embargo, Jaime respiró aliviado por el cambio de Leviatán.

«Tal vez mi suposición sea correcta».

—Vamos, Josefina, Isabel —les dijo a las mujeres.

Las dos chicas procedieron a seguirlo mientras él seguía a Leviatán mientras todos se dirigían a la orilla.

El trío miraba de vez en cuando por encima del hombro a René, que se había convertido en un bloque de hielo. Una angustia indescriptible los aturdió.

—¡Señor Zamudio!

Constantino se apresuró ansioso al ver que el Leviatán se llevaba a Jaime.

—¿Pasa algo? —Leviatán le preguntó con frialdad.

—Señor Zamudio, Jaime consumió la esencia dragoniana que debería habernos pertenecido. Todos nos esforzamos por derrotar al Dragón de Hielo. Ahora que se lo lleva, ¿no significa que el resto de nosotros no va a conseguir nada en absoluto? —cuestionó Constantino.

—¿Te opones a que me lo lleve?

Los ojos de Leviatán se entrecerraron un poco, y un aura envolvió al instante a Constantino.

—¡Naturalmente, no nos atreveremos a poner ninguna objeción a nada de lo que haga, Señor Zamudio!

Aunque tuviera alguna objeción entonces, no se atrevió a decir ni una sola palabra, ya que Constantino era un buen precedente de las consecuencias. No quería ser herido también.

Resoplando, Leviatán barrió con su mirada a Silvestre y al séquito de este a una distancia cercana.

—Adelante, Señor Zamudio. No nos atreveremos a poner ninguna objeción —exclamó Silvestre mientras agitaba las manos asustado al ver que el hombre miraba en su dirección.

Solo entonces, Leviatán se dio por satisfecho y se llevó a Jaime.

—Silvestre, Jaime se irá, así como así. ¿Ya no nos vamos a vengar? —Servando no pudo evitar inquietarse al ver que Jaime se iba sin un rasguño.

—No te preocupes, porque no le quedará mucho tiempo de vida. El Estado de las Sombras no podría permitirle seguir viviendo.

Dicho eso, Silvestre se marchó con su séquito.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)