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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 849

Isabel se mordió los labios y miró a Jaime con lágrimas en los ojos.

—Yo tampoco me voy a ir, Jaime. ¿De qué sirve vivir si te mueres? Ya no puedo vivir sin ti...

Por fin, Isabel soltó sus pensamientos más íntimos.

Hacía tiempo que se había enamorado de Jaime, pero solo se contenía el no confesar sus sentimientos por culpa de Josefina.

Ahora que la verdad había salido a la luz, el rostro de Isabel se sonrojó de vergüenza.

Aunque Jaime estaba aturdido por la confesión, Josefina no se inmutó. Tomó la mano de Isabel y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Está bien, Isabel. Hace tiempo que lo sé. Me alegro de que ambas podamos estar con Jaime, incluso en la muerte.

Isabel asintió emocionada como respuesta, sin ningún rastro de miedo o pánico en su rostro.

La muerte, para Josefina e Isabel, no era nada que temer. Mientras estuvieran con Jaime, nada más importaba.

Al ver la determinación en sus ojos, Jaime sabía que ninguna persuasión las convencería de que se fueran. Al mismo tiempo, sus palabras le dieron una inyección de moral.

—¡Muy bien, haré lo posible por mantenernos a todos vivos! —exclamó.

Después de todo, Jaime no podía dejar que Isabel y Josefina se sacrificaran por él. Rendirse no era una opción; tenía que luchar hasta su último aliento.

Siempre observadora, Josefina supo al instante lo que más le preocupaba a Jaime.

—Da todo lo que tienes, Jaime —le instó—: En el peor de los casos, Isabel y yo nos quitaremos la vida para que esos imbéciles no puedan ponernos las manos encima.

Luego de eso, Jaime asintió con firmeza y sacó la Espada Matadragones. Dio un paso adelante mientras un aura aterradora brotaba de él.

En cuanto vio que Silvestre se acercaba con el ataque, Jaime desató una ráfaga de aura dorada que lo rodeó como una armadura.

«¿Eh? ¿Qué demonios es eso?».

A pesar de la confusión de Silvestre, siguió corriendo a toda velocidad y estrelló su puño contra Jaime.

El puñetazo fue directo a Jaime, pero este apenas se inmutó por el impacto. Silvestre, sin embargo, sintió que sus manos se entumecían mientras se tambaleaba hacia atrás.

En lugar de contrarrestar el ataque de Silvestre, Jaime lanzó la Espada Matadragones contra el Gran Maestro de las Artes Marciales de la Secta de la Tormenta que se acercaba. La ráfaga de energía liberada fue tan fuerte que parecía que podía partir el cielo.

Tras el tremendo despliegue de poder de Jaime, el Gran Maestro de las Artes Marciales entró en pánico y se retiró a toda prisa.

Ya le había parecido bastante aterrador que el golpe de Silvestre no hiriera a Jaime en lo más mínimo, pero la Espada Matadragones fue, sin duda, la gota que derramó el vaso.

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