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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 810

—Entonces, ¿quién es mi padre? ¿Y por qué todavía está encerrada mi madre? ¿Qué es lo que quiere saber Rigoberto? ¿Qué clase de secretos aún está ella ocultando? —Jaime sujetó el hombro de Daniel agitándolo.

Él quería saber la verdadera identidad de su irresponsable padre, quien lo había abandonado antes de que incluso hubiera nacido. Tan solo al pesar en todo lo que su madre tuvo que enfrentar por culpa de la partida despreocupada de este hombre, le hizo hervir la sangre.

Daniel negó con la cabeza.

—No lo sé, Señor Jaime. Ni siquiera la Señora Renata sabe quién es su padre. En cuanto a lo que ella está ocultando. Tampoco tengo la menor idea. Su madre no me dijo nada, ni siquiera el mínimo indicio. Después de todo, yo viajé a Ciudad Higuera para averiguar dónde estaba usted, y el resto es historia.

—Pero, ¿cómo está tan seguro de que yo soy ese niño abandonado? Es posible que sea otra persona —Jaime se preguntó por qué Daniel estaba tan seguro de que él era el hijo de Renata.

—Porque la sangre de los Duval fluye dentro de usted. Puedo sentirlo, y mis sentidos nunca se han equivocado cuando se trata de esto.

De pronto, Daniel comenzó a toser de manera violenta y su rostro se contorsionó de dolor.

—¿Señor Daniel? ¿Está usted bien? —Ramón, con rapidez, ayudó a Daniel y le dio unas palmadas en la espalda.

—Daniel, ¿qué está sucediendo? ¿Te encuentras bien? Tal vez lo mejor sea que te revise. —Aunque Jaime lo odiaba por lo que le hizo a Renata, aún se preocupaba por el anciano.

Daniel le hizo una seña con su mano para que lo ayudaran a bajar, y se sentó en la silla. Al siguiente momento, pareció envejecer diez años y la luz de sus ojos disminuyó.

Jaime se preguntó qué le estaba sucediendo a Daniel como para iniciar esa clase de cambios. «Luce como si fuera a morir en cualquier momento».

Viendo lo preocupado que se encontraba Ramón, él contaba con que este supiera lo que le estaba sucediendo.

—Señor Jaime, ahora que usted sabe la verdad acerca de su origen, mi misión ha llegado a su fin. Sin embargo, yo filtré algunas pistas sobre su existencia, para que la Señora Renata se aferrara a la vida.

—No tenía ni idea de que cosas como estas existieran. Si lo que dices es verdad, entonces, son mucho más valiosas que las piedras y hierbas espirituales —dijo.

—Hay muchas formas en que un cultivador puede obtener la energía espiritual que necesita. Además de la esencia dragoniana y los cristales, también pueden obtener algo de energía de los núcleos de las bestias.

»Incontables bestias residen en lugares remotos y han manifestado tener un núcleo dentro, después de permanecer con vida por tanto tiempo. Esos núcleos también son importantes para la cultivación —continuó Ramón.

—Mmmm, en ese caso, la esencia dragoniana es el núcleo del dragón, ¿cierto?

Ramón se detuvo un momento para meditar el asunto y entonces asintió:

—¡Sí! Así es.

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