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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 803

Con tan solo mirar al empleado, Jaime pudo decir que pertenecía el del estrato más bajo, así que, con toda seguridad, sabría lo que esos clientes estaban haciendo. Por eso, él sacó un montón de dinero y lo colocó en su mano.

—Ayúdeme a conseguir una habitación. Solo me quedaré por una noche.

Jaime no quería buscar otro hotel. Sabía que, si las habitaciones estaban llenas en este, también lo estarían en los demás. El empleado parecía impotente, mientras le respondía:

—Nosotros estamos llenos. Dudo mucho que nuestro gerente pueda encontrarle una habitación vacía.

Aunque decía eso, sus ojos estaban posados en el montón de dinero en la mano de Jaime. Estaba muy claro que lo que en realidad quería era tomar los mil que Jaime le estaba ofreciendo.

Mirando su expresión, Jaime, con rapidez, tomó otro montón de dinero y lo colocó en la mano del empleado; era probable que este contuviera varios miles más.

—Vamos, ayuda a un hermano, ¿sí? —dijo Jaime con una sonrisa.

Los ojos del empleado se agrandaron al ver el montón de dinero. Entonces, sus dientes rechinaron y contestó:

—Señor, en verdad no tenemos habitaciones vacías. Sin embargo, si no cambia de parecer, puede quedarse en nuestros dormitorios. No se preocupe, estará por la noche. Les pediré a mis otros compañeros que salgan de la habitación.

—Claro, en tanto tenga un lugar en donde dormir. —Jaime sonrió y agregó—: A propósito, ¿tiene algo para comer? ¿Podría conseguirme algo de comida?

—Por supuesto, por favor, tome asiento. Iré a conseguir algo para usted en este momento.

Dicho esto, el personal fue a preparar algo de comer.

«El dinero puede comprarlo todo».

Mirando lo encantado que estaba el empleado, Jaime fue a sentare en una esquina. En ese momento, mucha gente estaba comiendo en el restaurante del hotel. Muy pronto, él notó que una figura familiar estaba sentada en una mesa cercana a él.

—¿Cuántas veces te he dicho que no preguntes eso? Saberlo no te traerá ningún beneficio.

Al ver que Silvestre comenzaba a enfurecerse, Servando asintió y contestó:

—Está bien, está bien. Entiendo. —Después de un momento en silencio, dijo—: De cualquier manera, ¿no estás yendo a la Isla del Dragón para apoderarte del núcleo de una bestia y así matar a Jaime y vengar a Silvio?

Silvestre asintió y contestó:

—No necesito el núcleo de una bestia para tomar su vida. La razón por la que voy a la isla es por orden del viejo patriarca. Tengo que completar la tarea, antes de vengar la muerte de Silvio.

Era obvio, por el tono de su voz, que no sentía ningún respeto por Jaime.

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