¡Tras!
El puño de César impactó en el pecho de Jaime, quien parecía no haberse inmutado ante el ataque. Ante la inusual escena que se suscitaba frente a sus ojos, César comenzó a sentir un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, mientras retrocedía, aterrorizado; tras lograr tranquilizarse un poco, dijo:
—¡No es posible! ¡Nadie había sido capaz de resistir mi fuerza!
—Bueno, al parecer, no eres un oponente digno. —En ese momento, el rostro de Jaime se tornó cruel al emitir esas palabras en tono severo; de pronto, César comenzó a sentirse nervioso, por lo que no pudo evitar responder, con voz entrecortada:
—¡Es increíble que pienses que puedes derrotar a la Secta Empírea! —rugió, furioso.
—¡En realidad, me sorprende que seas tan ingenuo al pensar que tan solo gracias a la Energía Negativa de las mujeres, podrías haber aumentado tus poderes! Debo admitir que me sorprende que no solo hayas aprendido a manipular ese tipo de energía, sino que pretendas utilizarla… —respondió Jaime, con voz llena de sarcasmo.
Ante esa humillante respuesta, el semblante de César palideció por completo, al tiempo que reflexionaba:
«¡No puedo creer que este hombre descubriera mis planes! Estoy seguro de que el resto de los guerreros en el mundo de las artes marciales no tardarán en despojarme de todos mis poderes si se enteran de este incidente; después de todo, no se permite el uso de magia negra, bajo ninguna circunstancia…».
El hombre maduro parecía absorto en sus pensamientos, por lo que no pudo evitar sobresaltarse al escuchar la suave voz de Jaime al añadir:
—Además, aunque sé que lograste utilizaste el manantial para cultivar toda esa energía, no logro comprender cómo convenciste a todas esas mujeres de bañarse en sus aguas para poder absorber su Energía Negativa.
En ese momento, el semblante de César se endureció por completo, antes de responder en tono amenazador:
—Me apena informarte que nadie podrá salir de este lugar, pues mis hombres vigilan todas las entradas… —Entonces, prosiguió a meditar, intranquilo:
Al mismo tiempo, miles de personas, incluso los cinco Gran Maestros Superiores de Ciudad Maple, líderes de la ciudad, comenzaron a sentir una enorme presión en el pecho que les impedía respirar.
—¡Es momento de morir! ¡No permitiré que arruines mis planes! —Al terminar de emitir las amenazadoras palabras y mientras enormes ondas de Energía Negativa rodeaban aquel colosal cuerpo, César arremetió en contra de Jaime; casi de inmediato, horrendas criaturas aparecieron para continuar con el ataque.
Ante la horrible escena que se suscitaba frente a sus ojos, el rostro de Lilia palideció por completo, pues, aunque no era la primera vez que los habitantes de Ciudad Maple presenciaban criaturas de esa naturaleza, nunca habían visto aquellos monstruos. Tan solo un momento después, Jaime desapareció en una oscura nube, pues César, junto con aquellos siniestros seres, habían rodeado al apuesto joven; mientras las enormes garras de las criaturas aladas intentaban penetrar el musculoso cuerpo de Jaime, César dejó escapar una estrepitosa carcajada, al tiempo que pensaba, triunfante:
«¡Ahora, no podrás escapar, pues no eres los suficiente fuerte para romper mi hechizo!».
No obstante, el hombre maduro pronto sintió un intenso dolor en el pecho, antes de caer al suelo, derrotado; tras una breve pausa y después de que la intensa nube oscura lograra disiparse, Jaime apareció, con una pequeña sonrisa en el rostro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)