Lilia abrió el vino tinto, vertió el contenido en dos copas y se las acercó a Carlos.
—Si te portas bien, te satisfaré, ¿de acuerdo? —Le guiñó un ojo, haciendo que él quedara por completo hipnotizado por ella.
—Me portaré bien. Lo prometo… —asintió con entusiasmo.
—De momento bebe conmigo y no me toques, ¿de acuerdo? —Una sonrisa de suficiencia apareció en su rostro al ver lo enamorado que estaba de ella.
—Sí —asintió.
Después de que ella le entregara un vaso de vino, se lo bebió de un tirón.
Ella también se lo bebió de un tirón al ver eso y vertió más vino en su copa.
Su plan era emborracharlo mucho para poder escapar.
Sin embargo, cuando Lilia pensaba dejar que Carlos bebiera otra copa, de repente sintió que la cabeza le daba vueltas y que sus miembros se debilitaban. La copa en su mano cayó al suelo.
—Este... Este vino... Hay un problema con este vino... —Estaba sorprendida.
Tenía que ser por el vino por lo que se sentía de repente mal.
—¡Ja, ja, ja! ¡Le eché algo al vino! Aunque no esperaba que lo bebieras voluntariamente. —Carlos dejó de disimular y empezó a reírse.
—Tú... ¿No caíste en mi técnica de seducción? —Se quedó boquiabierta.
Cada vez que destrozaba al monstruo, este volvía a su forma original. No importaba lo que hiciera, no podía destruirlo.
La energía espiritual de su campo de elixir disminuía con rapidez. Aunque su Técnica de Enfoque le ayudaba, no estaba reponiendo su energía lo bastante rápido. Sabía que, si seguía luchando así, lo matarían o moriría de agotamiento. Además, no podía darse el lujo de seguir perdiendo el tiempo ya que no tenía idea de lo que pasaba con Lilia.
—Soy un simple sentido espiritual, mocoso. No me pueden matar, y tú no puedes derrotarme. ¡No te atrevas a quitarme mi espada mágica! —advirtió.
El sudor de Jaime seguía disolviéndose en el agua mientras su expresión se ensombrecía.
«Si este monstruo no puede morir y siempre revive, ¿cómo voy a derrotarlo?».
El monstruo volvió a atacar cuando él estaba pensando. Esquivó con agilidad el ataque y volvió a hacer pedazos al monstruo. Como siempre, el agua del manantial volvió a reunirse en un punto para reformarse. Cada vez que golpeaba al monstruo, la energía espiritual de su campo de elixir disminuía. Si seguía así, su campo de elixir se secaría y se quedaría sin energía espiritual.

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