Entrar Via

El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6125

"Su Majestad, el jefe Roland Duval lo espera adentro", anunció Hadrian, haciéndose a un lado con una reverencia formal.

Julián inhaló hondo, reprimió el oleaje que le hervía por dentro y entró al Salón del Dragón.

La magnitud del lugar desafiaba toda lógica.

Una cúpula sin medida se arqueaba sobre sus cabezas, engastada con incontables Perlas Luminosas y Piedra Estelar, y bañaba el salón en un fulgor claro como el día.

Relieves de dragones cubrían cada pared, tallados con un realismo tan feroz que parecían a punto de desplegar las alas y echarse a volar.

Narraban eras: desde el dragón ancestral de la edad primigenia, pasando por el Emperador Dragón de la antigüedad, hasta los campeones de tiempos posteriores; cada escena cargaba una fuerza que parecía retumbar en el silencio.

En el asiento principal, al centro del salón, estaba un anciano sentado, con el cabello surcado de canas, pero la postura firme.

Vestía una túnica dorada bordada con nueve dragones persiguiendo una perla; el tiempo le había cincelado surcos en el rostro, pero su cuerpo seguía recto como una lanza.

Lo más inquietante eran aquellos ojos de dragón bajo las cejas: se abrían y se cerraban, y cada parpadeo lanzaba cuchilladas de luz al aire, como si nada pudiera ocultarse de su filo.

A su alrededor se acumulaba un aura inconmensurable, como un océano oscuro. Mantenía el poder sujeto, pero aun así se filtraba una onda tenue, y el aire, de piso a techo, temblaba casi sin sonido bajo esa presión.

Era Roland, actual Jefe del Clan del Linaje del Dragón Celestial y uno de los pilares que sostenían a toda la raza draconiana.

Roland vio a Julián cruzar las puertas del gran salón; luego se incorporó del asiento parecido a un trono, bajó las escaleras de mármol un paso a la vez, con calma deliberada, y se detuvo frente a él.

Al principio no dijo nada. Sus ojos de dragón, gastados por los años, recorrieron el rostro, los hombros y las manos de Julián, demorándose allí. En esas pupilas chisporrotearon emociones sin voz —alegría, alivio, peso—, y se negaron a disiparse.

Tras aquella inspección silenciosa, Roland dobló ambas rodillas y descendió su alta figura hasta que la frente casi rozó el suelo, ejecutando la reverencia draconiana más solemne. Su voz salió áspera, pero firme:

"Roland, Jefe del Clan del Linaje del Dragón Celestial, saluda a Su Majestad, el Emperador Dragón".

Esa sola reverencia significaba la sumisión total del Linaje del Dragón Celestial ante el Linaje de Sangre del Soberano Dragón.

Julián se apresuró a dar un paso al frente, se inclinó y ayudó a Roland a incorporarse. "Jefe, por favor... no hace falta tanta ceremonia. Yo solo soy un cultivador que porta un Linaje de Sangre del Dragón Dorado; no soy digno de ese saludo".

Roland se enderezó, mantuvo los hombros ligeramente bajos en señal de respeto y le clavó a Julián una mirada ardiente. Su respuesta sonó firme, como hierro a martillazos.

Capítulo 6125 Presumiendo 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El despertar del Dragón (Jaime Casas)