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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6121

Tras treinta feroces intercambios, la respiración de Garlio Squira perdió el ritmo y cada movimiento le pesaba.

¡Bang!

Una palma le martilló el hombro; el chasquido del hueso sonó nítido. Gruñó, trastabilló tres pasos hacia atrás y la sangre le escurrió por la comisura de los labios.

¡Bang!

Un segundo golpe se le estrelló en la espalda.

La sangre le salió disparada de los labios mientras caía en el aire como una cometa a la que le hubieran cortado el hilo.

"¡Padre!" El grito de Blanca desgarró el estruendo.

Aun al tocar el suelo, Garlio Squira se obligó a incorporarse y se lanzó otra vez hacia su hija.

No podía caer.

No podía morir.

Blanca seguía esperando.

La voz le raspó, como piedra contra acero: "Blanca, ¡corre! ¡Sal de aquí ya!"

Blanca negó con fuerza, con las lágrimas nublándole la vista. "¡No me voy! Me quedo contigo… ¡si morimos, morimos juntos!"

La mirada de Garlio Squira se estremeció. "¡Niña tonta! ¡Si te quedas, morimos los dos! ¡Vive! ¡Ve a buscar a Jaime Casas y pídele perdón por la Familia Jaramillo!"

"Padre…" Su respuesta se deshizo en sollozos.

La mano temblorosa de Garlio Squira le rozó la mejilla; esa humedad se mezcló con la sangre en la yema de sus dedos.

"Metí la pata y arruiné a nuestro clan, pero tú no puedes caer aquí. Tienes que vivir."

Se giró hacia los soldados que se le echaban encima y hacia los guardias de la Familia Gálvez; un brillo duro le centelleó en los ojos.

"¡Vete! ¡Toma la puerta trasera del jardín… rápido!"

Blanca abrió la boca, pero Garlio Squira ya se había dado la vuelta y se lanzó contra la marea.

"¡Vengan! ¡El que tenga ganas de morir… que dé un paso al frente!"

El poder de un Verdadero Inmortal estalló; una huella dorada de palma barrió el aire y lanzó a una docena de soldados por los aires.

Se plantó delante de Blanca como una montaña imposible de mover, bloqueando cualquier camino hacia ella.

Mirando la espalda solitaria de su padre, empapada en sangre, las lágrimas de Blanca cayeron más rápido de lo que podía secarlas.

Apretó los dientes, con algo afilado enroscándosele dentro del pecho.

Al final, pisoteó las losas, dio media vuelta y se echó a correr hacia el patio trasero.

Dorian ladró: "¡Tras ella! ¡No dejen que se escape!"

Los soldados y guardias se lanzaron a obedecer, pero Garlio Squira volvió a adelantarse, cerrándoles el paso por completo.

"Si la quieren a ella, primero pasen sobre mí."

Con un giro de muñeca, una espada larga de colores cambiantes y densa luz espiritual apareció en su mano.

Era su arma ligada a la vida, el tesoro milenario de la Familia Jaramillo: la Hoja Paso Celestial.

El anciano de cabello blanco lo observó; un destello fugaz le cruzó la mirada. "Garlio Squira, eres un buen padre… pero elegiste el bando equivocado."

Garlio Squira soltó una risa ronca. El sonido se abrió paso entre el humo con un frío desolador y una arrogancia salvaje.

"Ahorra saliva. Si quieren pelear, entonces peleen. ¡Vengan!"

Alzó la Hoja Paso Celestial. No más contenerse, no más dudar.

Como una espada recién liberada de la vaina, se disparó de frente contra las filas abarrotadas.

Los Ancianos del Palacio Celestial respondieron de inmediato. Avanzaron juntos, cerrándole todas las rutas y atacándolo desde todos los ángulos.

Esta vez, Garlio Squira no se guardó nada. Abandonó toda defensa y cambió golpe por golpe, vida por vida.

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