el Decimocuarto Firmamento, Palacio Celestial
Luciano alzó la mirada.
El Palacio Celestial flotaba a diez mil brazas de altura, sostenido por 9.999 pilares de jade blanco; cada uno estaba grabado con una bestia tan vívida que parecía rugir en pleno bramido.
Nubes doradas se enroscaban en los aleros.
Grullas se deslizaban entre la neblina, mientras generales celestiales con armadura dorada patrullaban el perímetro, con una presencia tan afilada que parecía capaz de cortar la brisa.
Dentro del gran salón, cada latido resonaba como un tambor; el aire era espeso, cargado de un juicio que nadie se atrevía a pronunciar.
Luciano y Lilia se arrodillaron al frente.
Aunque sus heridas ya habían cerrado, la palidez se les aferraba al rostro con terquedad.
Doce Ancianos ocupaban dos filas a ambos lados del estrado, cada uno irradiando la opresiva fuerza de un Gran Maestro Superior de Máximo Nivel del Reino del Inmortal Supremo, Nivel Nueve.
En el trono central de oro estaba sentado Dorian, envuelto en una túnica púrpura y dorada.
Sus rasgos severos no se ablandaban jamás; en sus ojos, las estrellas parecían encenderse y apagarse, y todo el salón giraba en torno a su silenciosa gravedad.
Era Dorian, Verdadero Inmortal y Maestro de Salón del Palacio Celestial.
"¡Basura inútil!"
El Anciano Llama Roja estrelló la palma contra el escritorio de jade, y el estallido retumbó.
Su mirada atravesó a Luciano y a Lilia. "¡Dos Inmortales Supremos de Séptimo Nivel, armados con un Sigilo del Sello Divino, y aun así un mocoso del reino inferior los hizo pedazos! ¡El Gran Venerable muerto, trescientos mil soldados perdidos... y nuestro Palacio humillado!"
Luciano inclinó más la cabeza, en silencio.
La mandíbula de Lilia se endureció. "Anciano Llama Roja, no fue falta de capacidad. Julián Casas posee el Linaje del Dragón Dorado y fuerza caótica; su poder está muy por encima de su reino."
El anciano de cabello blanco frunció el ceño. "¿Linaje del Dragón Dorado? La Raza del Dragón Dorado desapareció hace decenas de miles de años... ¿cómo podría aparecer uno allá abajo?"
"¡Es absolutamente cierto!" La voz de Luciano sonó firme.
Alzó la cabeza. "Lo vi transformarse en un Dragón Dorado de cinco garras."
"La presión de su linaje asfixió incluso mi Linaje de Sangre del Rey Divino."
Los murmullos estallaron por el salón como chispas sobre pasto seco.
El Linaje del Dragón Dorado—pura leyenda—se consideraba incluso por encima de las venas reales de los celestiales.
Si esa leyenda seguía viva, el valor de Julián Casas iba mucho más allá de la etiqueta de traidor del reino inferior.
Dorian cortó el alboroto con una voz grave y serena. "El Camino al Cielo está en ruinas y el nivel trece anda suelto, pero el pánico no le sirve a nadie."
Su mirada barrió a cada Anciano. "No estamos solos en la cima del Decimocuarto Firmamento."

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