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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 6034

—¿Qué es?

El Venerable Metalor entrecerró los ojos hasta convertirlos en dos afiladas puntas de espada, como si intentara penetrar la falsa expresión de Jaime.

Jaime avanzó dos pasos calculados, reduciendo la distancia, mientras bajaba la voz hasta el nivel de un murmullo cómplice.

—Se trata de los recientes disturbios a lo largo del Camino de Ascensión al Cielo. El Gran Venerable ha emitido una orden secreta: debemos acelerar la recolección de cristales de alma, sobre todo aquellos que portan un aura inusual.

Mencionó esos nombres a propósito, sabiendo que solo los Cinco Venerables compartían ese nivel de conocimiento.

Un destello cruzó la mirada del Venerable Metalor, pero la cautela se mantuvo firme.

—¿Dónde está esa orden? ¿Por qué no la he recibido?

—Aquí está la orden.

Jaime alzó la mano, y sobre su palma flotó una tira de jade con un suave resplandor dorado. La vibración que emanaba coincidía con la firma utilizada por el Gran Venerable, un eco que Jaime había recreado a partir de los recuerdos de Glacio.

El Venerable Metalor fijó sus ojos en el objeto. Un hilo de percepción espiritual, a modo de exploración, se desprendió de él para verificar la autenticidad.

En el instante en que ese hilo rozó la superficie del jade…

El aire se retorció; la tranquila inspección que se esperaba se convirtió en un caos absoluto.

La tira de jade se hizo añicos con un crujido apagado.

No se fragmentó; en su lugar, se disolvió en una ráfaga de Agujas del Caos, tan finas como cabellos y de color gris ceniza, que se precipitaron contra su rostro como lluvia impulsada por el viento.

Simultáneamente, Jaime cargó hacia adelante, con la fuerza del caos rugiendo a pleno poder.

Sus manos se multiplicaron en un desenfoque, dirigiendo cada golpe a un punto vital distinto del Venerable Metalor.

—¡Sabía que había traición!

A pesar de la sorpresa, el Venerable Metalor no perdió la calma y actuó con la precisión de un movimiento ensayado.

Las espadas gemelas que portaba en su espalda se liberaron al instante, transformándose en dos haces de aura de espada blanco-plateada. Uno se dirigió a interceptar la lluvia de agujas, mientras que el otro apuntó directamente a la frente de Jaime.

En ese preciso momento, su Armadura Divina de Metal Celestial se activó. Las runas recorrieron las placas, llevando su defensa al máximo.

Se desató un estruendo continuo:

¡Clang! ¡Clang! ¡Clang! ¡Clang!

Bajo el aura de la espada, la mayoría de las Agujas del Caos se hicieron añicos, aunque algunas lograron filtrarse e impactaron contra la Armadura Divina. Cada golpe dejó un pequeño cráter y una corrosión gris se extendió sobre su brillo.

El rayo de espada que se dirigía a Jaime fue interceptado por una palma gris forjada por el caos, desviándolo de su trayectoria con un estridente sonido de espacio desgarrado.

—¡Tú no eres Glacio! ¿Quién eres?!

La ira hervía en el grito del Venerable Metalor; la certeza endureció el brillo de sus ojos.

Esa fuerza gris y asfixiante no tenía nada que ver con las gélidas leyes de Glacio; apestaba a puro borrado.

—¡El que ha venido a reclamar tu vida!

Jaime se despojó por completo de su disfraz y, con un movimiento fulminante, se lanzó contra el Venerable Metalor. Sus puños y palmas tejieron una intrincada red de caos sobre su oponente.

Inmediatamente, la sala se vio envuelta en un torbellino de luces de espada superpuestas y una turbulencia gris enroscada. La increíblemente afilada aura de la espada, de un blanco plateado, cortaba pilares, paredes y el aire por igual, mientras que el caos gris respondía disolviendo todo a su paso, incluso las leyes fundamentales de la sala.

El duelo se extendió desde el interior hacia el cielo abierto, y cada choque derrumbaba secciones del palacio, partía la tierra y destrozaba las formaciones defensivas. El Venerable Metalor, haciendo honor a su reputación como el más fuerte de los Cinco, mantuvo una ofensiva implacable, con cada golpe de espada portando la autoridad para cortar las propias leyes.

Jaime llevó su fuerza del caos al límite, generando barrera tras barrera gris, huellas de palma y sombras de puño que se enfrentaban de frente a cada rayo de espada, mermando su filo. La intensidad de esta batalla superó todos los combates anteriores, con cada intercambio desarrollándose en márgenes más estrechos y con apuestas más altas.

Cuanto más duraba el enfrentamiento, más profunda era la conmoción del Venerable Metalor. Su adversario se encontraba apenas en la cúspide del Nivel Nueve del Reino Inmortal Celestial. Sin embargo, ese poder gris operaba en otro nivel; cada vez que el aura de su espada lo penetraba, su filo y su poder se desvanecían con demasiada rapidez.

Capítulo 6034 El que te quita la vida 1

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