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El despertar del Dragón (Jaime Casas) romance Capítulo 5976

Al instante en que pronunció esas palabras, el aire del valle se tensó, como si la propia tierra contuviera la respiración.

El grito rasgó el aire cargado de humo.

—¡No!

Los hombros de Jaime se tensaron antes incluso de volverse; esa única sílaba cargaba con el peso del miedo de todos y le golpeó de lleno entre las costillas.

Una segunda voz, más áspera, siguió un latido después:

—¡De ninguna manera!

El «no» resonó contra las paredes de piedra agrietadas, cargando de urgencia la primera negativa.

Jaime tomó una respiración lenta, concentrándose en mantener su pulso firme.

Se giró. Aurian, Barne y Voslak «un trío conocido por sus disputas» ahora estaban unidos, sus bocas todavía abiertas por su protesta unánime.

Incluso la ceja carmesí del Señor Demonio Bermellón se frunció, y el leve temblor en su aura reveló su inquietud.

La voz de Aurian se rompió como cristal.

—Jaime, ¿te has vuelto loco?

La pregunta era una mezcla de acusación, miedo y lealtad, no buscaba una respuesta.

Aurian dio un paso adelante, y la luz de la antorcha enmarcó su mirada llena de ansiedad.

—La Puerta de la Reencarnación es un laberinto que aún no comprendemos, y el Señor que la gobierna escapa a toda conjetura. Molco y Morven no eran más que peones. Incluso con tu nueva fuerza, irrumpir en su morada es un suicidio.

Barne cruzó los brazos, con un tono áspero en la voz.

—Chico, sé que salvar al clan Forero es importante, pero el tiempo no nos persigue. Primero recopilamos datos, desvelamos los secretos de la Puerta y luego atacamos.

A continuación, se oyó el retumbar grave de Voslak.

—Al menos déjennos estabilizar el nivel doce, convocar a todos los aliados e ir juntos.

El Señor Demonio Bermellón se cernió a un paso del suelo antes de hablar.

—Jaime, el Señor de la Reencarnación no es ningún santo. El señor Morz advirtió una vez que podría ser el eco de algo antiguo, que maneja fragmentos de la propia reencarnación. Tu fuerza del caos es impresionante, pero contra una voluntad como esa, no podemos predecir la victoria.

En medio de la avalancha de preocupaciones, la respiración de Jaime se estabilizó y su mirada se mantuvo firme.

Sacudió la cabeza una vez, con un gesto suave pero inquebrantable.

—Siento la profundidad de su preocupación y la respeto. Pero con cada minuto que los espíritus de Forero permanecen dentro de esa Puerta, se acercan más a ser tragados para siempre. Le prometí al señor Forero que los traería a casa, y tengo la intención de cumplir esa promesa.

La mirada de Jaime se deslizó hacia la puerta fantasmal que brillaba sobre el Pico de la Reencarnación, con sus bordes parpadeando como un sueño medio olvidado.

Un entusiasmo sordo se coló en su voz.

—La Semilla de la Fuente del Caos que hay en mi interior parece atenuar la energía de la reencarnación. Puedo aprovechar eso. El Salón del Camino Malévolo acaba de caer. Es posible que el Señor aún esté aturdido, sin darse cuenta. Eso hace que esta sea la mejor oportunidad que jamás tendremos.

Aurian lo intentó de nuevo, con la esperanza y el temor enredándose en su lengua.

—Pero…

Jaime levantó una mano, deteniendo la protesta antes de que naciera. Una sonrisa con calma se dibujó en su rostro.

—Confía en mí. Me retiraré si la marea se vuelve en mi contra. Además…

Hizo una pausa. La Marca del Vórtice del Caos en su palma brilló, una tormenta en miniatura ávida de respuestas.

—También quiero saber qué es más fuerte: el caos o la verdadera reencarnación.

Antes de que pudiera pronunciar una palabra más, el cuerpo de Jaime se desvaneció, transformándose en una sutil cinta de luz gris. Este hilo de energía se lanzó directamente hacia el altar del Pico de la Reencarnación, dejando la plataforma totalmente desolada.

—¡Jaime! —El grito del Señor Demonio Bermellón retumbó entre las nubes mientras se lanzaba tras la luz que se desvanecía.

Una voz llegó a sus oídos, débil pero firme.

—Maestro, quédese donde está.

—Este camino es solo mío. Ayuda a Aurian y a los demás a asegurar las secuelas. Si no regreso en tres días…

La frase se disolvió en el aire, su abrupto final resonando más fuerte que cualquier amenaza.

El Señor Demonio permaneció inmóvil, suspendido, con sus pupilas escarlatas vibrando de desafío antes de apagarse. Apretó los puños y se quedó en silencio.

Sabía que, una vez que Jaime había elegido un camino, era inútil intentar detenerlo. Además, con su fuerza actual, solo sería un obstáculo para él.

Aurian y los demás observaron la estela gris que se desvanecía en el cielo, sus rostros marcados por la misma sombría resignación. Todos compartían la cruda certeza: tal vez Jaime no regresaría.

Un temblor recorrió el lejano patio al tiempo que Aurian liberaba un grito.

—Da la orden —gruñó el anciano, con el aliento rasgando el aire frío.

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