Eso hizo que Ginebra cayera en una depresión.
La amabilidad de Hermes hacia ella era evidente, pero, al fin y al cabo, no se podían forzar los sentimientos.
Sin embargo, no podía estar con Marón debido a las antiguas disputas entre sus familias. A pesar de su afecto mutuo, esos sentimientos no sirvieron de nada.
Ginebra pronto se vio enredada en aquel embrollo emocional, incapaz de encontrar una solución.
Al final, abrumada por el peso de todo ello, optó por poner fin a su vida, pues sólo en la muerte se libraría de aquellos atormentadores conflictos.
Sin embargo, después de que Ginebra se quitara la vida, su alma divina no se disipó y se salvó.
Aun así, su cuerpo físico se desvaneció, dejando sólo su alma. Si pudiera encontrar otro cuerpo, podría volver a la vida, pero Ginebra no estaba dispuesta a vivir con la apariencia de otra persona.
Y así, Hermes llevó el alma de Ginebra a Jeriva. Utilizando varios recursos, estableció la Formación Nutritiva de Almas para asegurarse de que su alma no se desvaneciera.
Permaneció en la formación durante muchos años. La Feria Alquimista celebrada en Jeriva se organizó con el objetivo de buscar una píldora que pudiera ayudar a un alma a recuperar un cuerpo físico.
La desaparición de Ginebra dio lugar a una tregua entre los cultivadores del Cuerpo Arcaico y Marón, ya que ambas partes intentaron encontrar la forma de restaurar la forma física de Ginebra.
Más tarde, Román tomó una decisión en contra de los deseos de sus antepasados. Quería usar la Píldora Alma de Hielo del tesoro para restaurar el cuerpo de su hermana menor.
Entonces se sucedieron la serie de acontecimientos experimentados por Jaime. Después de todo, no cualquiera podía acceder al tesoro y adquirir la Píldora Alma de Hielo.
—Señor Casas, sabemos que utilizarlo de esta manera no estuvo bien, pero para compensarle, le ofrezco el Flagelo Demoníaco de los cultivadores del Cuerpo Arcaico, esperando que no nos guarde rencor —dijo Román disculpándose.

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