Jaime se quedó estupefacto. No entendía cómo Ginebra había desaparecido de repente.
Sin embargo, Hermes no parecía preocupado en absoluto.
Justo cuando Jaime estaba lleno de asombro, una luz blanca destelló ante él. Justo después, reapareció la figura de Ginebra.
Sin embargo, esta vez no era una forma espiritual, sino una persona viva que respiraba.
Su aspecto no había cambiado, e incluso su ropa era la misma que antes.
El rostro de Ginebra se llenó de una emoción indescriptible.
—Hermes, he recuperado mi forma física. La he recuperado de verdad… —Ginebra se emocionó muchísimo y luego se arrodilló ante él—. Hermes, si no fuera por tus cuidados a lo largo de los años, me temo que hace tiempo que habría perdido mi alma. Te estoy agradecida más allá de las palabras… —Su rostro estaba lleno de gratitud.
Al ver a Ginebra arrodillarse ante Hermes, Jaime se sintió aún más perdido.
—Ginebra, me enfadaré si haces esto...
Hermes se apresuró a ayudar a Ginebra a levantarse.
En ese momento, Ginebra miró a Jaime y sonrió sin fuerza.
—¿Tienes curiosidad por conocer mi identidad? Has querido saber quién soy en realidad, ¿verdad?
Jaime asintió con fuerza. Había preguntado a Román y a Marón, pero nadie le había dado una respuesta clara.
Jaime realmente quería conocer la verdadera identidad de Ginebra. ¿Por qué sabía lo de la Píldora Alma de Hielo del tesoro y lo de los cultivadores del Cuerpo Antiguo? ¿Por qué poseía la mitad del Sello del Rey Dios?
Al ver el afán de Jaime por conocer su identidad, ella continuó:
—En realidad, no soy la verdadera condesa de Jeriva. El verdadero conde es Hermes... Sólo soy miembro del clan del Cultivo del Cuerpo Arcaico. Fue Hermes quien me ha estado protegiendo… —Con eso, ella gritó hacia los pisos superiores—. Román, mi querido hermano, Marón, bajen...

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