Jaime esperó a que todos los demás hubieran entrado antes de guiar a sus hombres a través de la puerta de luz.
Al cruzar la puerta, llegaron a un páramo vacío.
El suelo era estéril, sin plantas a la vista, y el cielo estaba iluminado con luces espirituales de colores. El espacio a su alrededor parecía distorsionado, lo que llenó sus corazones de malestar.
Como si hubiera habido una gran batalla, la tierra bajo sus pies estaba abrasada, y el terreno parecía no tener límites.
—¿Qué es este lugar? ¿Es un reino ilusorio? —exclamó Nimbus conmocionado.
No sabían si estaban en un reino ilusorio o no.
Jaime vio que los cultivadores estaban igual de sorprendidos y confundidos por el entorno. Todos avanzaban con cautela, pues no sabían qué peligros les aguardaban en aquel espeluznante lugar.
—¿Cómo es posible que haya un tesoro en un lugar como éste? ¡Es imposible que ese objeto mágico esté aquí! ¿Crees que nos han engañado? Quizá este lugar sea un falso tesoro —dijo Karim.
—¡Sea este lugar real o no, tenemos que permanecer unidos y abstenernos de hacer algo imprudente! Sólo así podremos garantizar nuestra seguridad —les recordó Jaime mientras temía que se separaran para buscar el tesoro, lo que podría poner en peligro a todo el grupo.
Mientras Jaime y los demás avanzaban lentamente, escucharon una pelea a lo lejos.
Jaime los condujo rápido hacia la dirección de los sonidos y vio montones de cultivadores luchando entre sí como si se hubieran vuelto locos.
—¡Fragmento de alma de hielo! ¡Fragmento de alma de hielo! —Karim exclamó conmocionado de repente.
Al mirar más de cerca, vieron montones de fragmentos de alma de hielo esparcidos por el suelo donde luchaban los cultivadores.
Aunque los fragmentos de alma de hielo eran diminutos, seguían considerándose recursos de alta calidad.
Eso explicaba por qué los cultivadores luchaban tanto. Dado lo preciados que eran los fragmentos de alma de hielo, tenía sentido que todos quisieran el mayor número posible de ellos.

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