Sigfrido guardó silencio. Como no podían contar con Helio, Jaime se había convertido en su única esperanza.
Por desgracia, ni siquiera sabía dónde estaba Jaime ni cuánto tardaría Jaime en llegar hasta ellos.
La Formación de Defensa de Montaña estaba a punto de ser destrozada, y no tenía ni idea de si pudiesen o no aguantar hasta que llegara Jaime.
—Señorita Guerra, voy a reunirme con Heru para ganar tiempo.
Gamaliel decidió hacer acto de presencia para darles más tiempo para esperar la llegada de Jaime.
—Iré contigo. Es mi maestro. Yo también podré conseguirnos un poco más de tiempo —se apresuró a decir Sigfrido.
Violeta asintió.
—De acuerdo, pero debes tener cuidado. Retírense a la sala principal si algo va mal. Incluso si la Formación de Defensa de Montaña es destruida, todavía podemos mantener nuestras defensas en la sala principal.
—Entendido.
Con eso, Gamaliel y Sigfrido abandonaron la sala principal para ganar algo de tiempo.
Violeta se recostó contra el trono del líder de la secta, esperando con expectación en los ojos.
—Jaime, ¿te volveré a ver?
No podía dejar de pensar en él desde que se fue.

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